lunes, 29 de mayo de 2017

PRESENTACIÓN "ACONTECERES DE BAJA CALIFORNIA SUR"

Presentación del libro “Aconteceres de Baja California Sur”, edición del XV Ayuntamiento de La Paz, autor: Profr. Leonardo Reyes Silva

Museo de Historia Regional, La Paz, Baja California Sur, 25 mayo 2017




El profesor Leonardo Reyes Silva ya camina despacio, pero su mente sigue acelerada y ocupada en los asuntos de nuestra historia, sus ojos se llenan de luz cuando escucha la posibilidad de editar un nuevo libro, va, insiste, toca puertas, busca sólo el trasmitir el conocimiento, que el paisano choyero (los nativos y los adoptados que se quedaron a ciruelear en El Mogote), se entere de los acontecimientos que han forjado esta tierra a través del tiempo, se busca que pase de mano en mano la historia legendaria de nuestra Antigua California, la auténtica California.

    Su alegato no es contra el tiempo, es a favor de la reivindicación del tiempo pasado, de aquellos lejanos días donde la evasiva península, le dio su bautizo de Sol y de espinas a los primeros europeos que pisaron estos parajes. A nuestra tierra le pusieron California por el mito, el de Calafia y las amazonas, el de las perlas, el del oro y la plata, de su letanía de paraíso en la Tierra, más parece de burla o ironía, pero era el desdén, nacido de la frustración, por no poder conquistar California; ellos, imparables conquistadores de esos lejanos días, que habían atravesado la “Mar Océano”, la Mar del Norte, arrodillando a los imperios mexicas, navegando las imponentes aguas de la desconocida Mar del Sur (Pacífico), se estrellaron de frente con un montón de piedras, desperdigadas en las arenas de “la tierra más mala del mundo”.[1]

    Historia no significa tanto el “pasado” en el sentido pleno de lo pasado, sino tener su origen en el pasado. Tener historia es estar dentro de un devenir, y porque tenemos una historia podemos seguir haciendo historia. Si hay un origen tenemos un punto de partida, y si bien California existía antes del nombre California, es tal palabra con la que englobamos una identidad. Como californianos también nos identificamos con Airapí, Añuiti, Guasinapí, Cadeú, Ligüi, Londó, Conchó, Chiriyakí, Kadakaman, Viggé, nombres estos de la antigua toponimia indígena, pero es California la palabra fundante de un sentido originario, en donde confluye un consenso de pertenencia como habitantes de esta península.



    La injusticia con que se ha tratado el nombre original de nuestra península, y nuestro Estado, ya raya en lo molesto. El tiempo le da la razón a Don Leonardo, y la razón le da la fuerza moral para seguir en su infatigable lucha, en la que no está sólo por supuesto, de seguir combatiendo la ignominia de acortar el nombre de nuestra península a “Baja” o de nuestro estado de Baja California Sur a “Baja Sur”.  En “Aconteceres de Baja California Sur” se perfila esta urgente cuestión, que nace de una necesidad de reconocimiento histórico para nuestra tierra que es California, si no les gusta a los “alteños”, es decir a los de la California estadounidense, pues que ellos se llamen Alta California o utilicen otro nombre que más les plazca para diferenciarse. La California original es mexicana y tenemos que hacer valer nuestro derecho histórico de no ser despojados de nuestro nombre, con el que se reconoce todo un pueblo, no “bajeños”, ni “sureños”, simplemente californios.

    La obra del profr. Leonardo Reyes Silva trata de temas que muchos han sucedido en un espacio y tiempo a veces ya muy remotos, pero eso no genera una lejanía con los acontecimientos, contar la historia es tener una historia, es poner al día las cuestiones donde se decide el futuro de nuestro pueblo; una vez puesta en nuestras manos, de nosotros depende cómo lo vamos a comprender, cómo lo vamos a asumir y cómo lo vamos a transmitir a un futuro.



    También la historia nos obliga a ser siempre actores, esa capacidad de actuación de la historia nos empuja y nos compromete, la vasta obra del profr. Leonardo es una historia de compromiso. Es una invitación a seguir construyendo un país más próspero, que de ninguna manera está confrontado con el progreso de la misma península de California. Nos toca seguir la trama en esta interminable lucha por la libertad y progreso de nuestro pueblo, hilar la vida nacional, la que discurre allá en el centro del país, con lo que nos toca hacer desde acá, y nuestro compromiso es mucho más porque tenemos que hacerlo precisamente desde acá, desde la lejana pero también mexicana California: no dudemos en que podemos hacerlo.

    Lo que aquí se cuenta es más que una simple historia, es una condición política de fondo, no de coyuntura que es la única que alcanzan a ver nuestros “políticos” en su estrechez de miras. Hablo de política en términos esencialistas, en cuanto al entendimiento de ésta como una actividad de observancia del bien común, hablo de esta cuestión política como un término de trascendencia, no es sólo “pasado” independiente del presente y el futuro, es parte de nuestra constitución como paceños y californianos, a sabiendas de esto no podemos ser omisos, en nosotros queda cómo hacemos valer la política californiana en este presente y en un futuro, que cada vez nos alcanza más rápido.

Gracias.
Luis D. Bareño
Cronista Municipal de La Paz




[1] Juan de Samaniego, vecino y regidor de la ciudad de Compostela (hoy Tepic, Nayarit) expresa esta frase en un interrogatorio, que se le hizo a él y a tres desertores, de la expedición de Hernán Cortés en 1535 en la cual se tomó posesión del Puerto y bahía de Santa Cruz (hoy La Paz). Archivo General de Indias, CDIAO, t. XVI, pp. 5-37. “Probanza Ad Perpetuam Rei Memoriam sobre la tierra del Marqués del Valle e indios que de la Nueva Galicia a ella llevaron. Autos entre Nuño de Guzmán y Hernando Cortés.”

miércoles, 3 de mayo de 2017

¿DÓNDE ESTABA SANTA CRUZ? 482 AÑOS DE FUNDACIÓN DE LA PAZ

HERNÁN CORTES Y LA FUNDACIÓN DE LA PAZ: AD PERPETUAM REI MEMORIAM (EN MEMORIA PERPETUA DEL SUCESO)



PARTE I: ¿DÓNDE ESTABA SANTA CRUZ? 

Por: Luis Domínguez Bareño
Cronista Municipal del XV Ayuntamiento de La Paz

"Por mi parte pienso que [Cortés], símbolo o antisímbolo, cuantas veces se quiera someter a un nuevo juicio a quien tantos juicios conoció en su vida, habrá que tomar asimismo en cuenta las perdurables consecuencias de sus afanes, expediciones y descubrimientos en la mar del Sur".

Dr. Miguel León Portilla

Demasiada tinta ha corrido sobre la posible (o imposible) fundación de nuestra ciudad de La Paz, incluso existe una disputa por la precisión de la mencionada fundación, tanto lingüística como geográficamente se busca rebatir la idea de fundación de lo que hoy es nuestra ciudad, más allá de los argumentos, curioso sería también llegar a conocer los intereses que se mueven detrás de la rebatinga revisionista que se ciñe sobre el hecho histórico del 3 de mayo de 1535. 

    Hay quienes alegan que, stricto sensu (en sentido estricto), fundar significa construir materialmente un lugar, por lo tanto y según este apretado razonamiento,  Hernán Cortés (Capitán General de la Nueva España y Marqués del Valle de Oaxaca) no puede llegar a ser considerado fundador de nada en nuestra península, pues no logró materialmente establecer pueblo o ciudad alguna. Incluso hay puristas de la terminología que aducen La Paz debería ser considerada fundada en 1823, por ser la fecha en que se “trazó la ciudad”, como si todas las ciudades nacieran por generación espontánea y precisamente con esa categoría de ciudades, sin un desarrollo histórico anterior. Sería interesante ver a quienes sostienen esta hipótesis explicarnos cómo es entonces que, desde su punto de vista, ciudades de la Alta California como San Francisco, Los Ángeles y San Diego, todas ellas fundadas entre 1770 y 1775, podrían llegar a ser anteriores a la existencia de La Paz, como si de La Paz no se hubieran embarcado la mayor parte de los materiales, bastimentos y ganado con que se fundaron y ocuparon esas poblaciones en la Alta California. En fin, me suena a una historia vuelta del revés, anacrónica, que en poco ayudaría a la comprensión de la ya de por sí olvidada, pero vital historia de nuestra Sudcalifornia, la California original.

    La otra disputa, la geográfica, es la que me parece tiene más sentido y resulta en extremo interesante pues ofrece más posibilidades de alcanzar una comprensión de la expedición de Cortés en términos más amplios; hay quienes mencionan (don Pablo L. Martínez y Orozco y Berra), que efectivamente Cortés nombra Puerto de Santa Cruz a un punto de lo que es la parte costera de la actual ciudad, esto es frente a la barra arenosa de El Mogote; hay otros historiadores (Paul Myers, Antonio Ponce Aguilar) que aseguran que el llamado Puerto de Santa Cruz donde desembarca Cortés es el actual puerto de Pichilingue; el siguiente lugar que se identifica como el posible desembarco es el lugar llamado precisamente Santa Cruz, el cual hoy en día es conocido como Las Cruces, donde se encuentra un hotel del mismo nombre, a un costado de una boca de arroyo grande que baja de la sierra de Las Cacachilas y está justo enfrente de la punta norte de la isla Cerralvo, según el historiador y funcionario municipal paceño de finales del siglo XIX y principios del XX, Adrián Valadés, ese es el lugar de la famosa llegada de Cortés, y sustenta su afirmación en la relación del capitán Otondo y Antillón que manda “poner una cruz en el cerrito cercano a La Paz” donde desembarca el 1 de abril de 1683, Valadés como señalamos, identifica el mencionado lugar como Santa Cruz (hoy Las Cruces) y declara que su dicho lo confirman también otros autores como el religioso e historiador Francisco Javier Clavijero (siglo XVIII) y el político francomexicano Urbano Lassepas (siglo XIX). Finalmente, otro autor como Marcou, afirma que Cortés llegó a donde habían muerto Fortún Jiménez y otros marineros que se habían amotinado, que tal lugar es lo que hoy se conoce como Ensenada de Muertos, una pequeña bahía a unos 60 kms. al sureste de la actual ciudad de La Paz y cerca del Valle de Los Planes.

    Esta riqueza interpretativa que ofrece nuestra California no es novedad, pues como afirmara el Dr. León Portilla, “la historia de las Californias es manantial de sorpresas”. Aprovechando pues esta riqueza de las fuentes, seguiré la narración sobre el sendero de la geografía histórica, dejando para otra ocasión los importantes (e interesantísimos) antecedentes del por qué llega a nuestra península ni más ni menos que el conquistador de México, Hernán Cortés. También obviaremos la discusión sobre el significado e intencionalidad de dichos avances españoles en el noroeste del continente americano, esto por ser una discusión mucho más extensa.

    Entonces, la aportación que puedo hacer en este pequeño espacio es algo tan simple como el seguir explorando las fuentes objetivas del conocimiento histórico, ahondando en la historia efectual que no se ha agotado del todo sino que, a nuestro parecer, termina ocultada por la preeminencia que ha tomado la disputa lingüística-revisionista del sentido de la “fundación” de La Paz; intentaremos fijar pues algunas apreciaciones basadas en el entendimiento de que, la fundación de La Paz, sea tratada como un objeto de conocimiento, dejando de lado alguna visión moralista e ideológica, que si bien alimenta cierto aire romanticista de los hechos, termina por fomentar el desconocimiento de nuevos posibles aspectos.

DOCUMENTO DE LA TOMA DE POSESIÓN DE SANTA CRUZ POR CORTÉS

    El auto de posesión que hace Cortés el 3 de mayo de 1535 del puerto y bahía de Santa Cruz no da pistas geográficas sobre la posible ubicación del lugar en las extensas costas del sur de la península californiana, pero si nombra a algunos de los personajes que atestiguaron dicho acto: el doctor Valdivieso, Alonso Navarrete, Fernán Darías de Saavedra, Bernardino del Castillo, el escribano Martín de Castro, Juan de Jasso y Francisco de Ulloa, estos dos últimos resultan de importancia para lo que veremos después; por cierto, en este auto de posesión, se informa que Francisco de Ulloa viaja con Cortés desde un principio a Santa Cruz, y no llega después en la nave que envía Juana de Zúñiga, la esposa del llamado Marqués del Valle de Oaxaca, tal como lo asienta un respetable historiador, como lo es el Dr. León Portilla, en su magistral obra “Hernán Cortés y la Mar del Sur”. Quien llega en la nave que envía la marquesa Zúñiga a Santa Cruz, muy probablemente es Antonio de Ulloa, maestre de campo de la expedición cortesiana que capitaneó Hernando de Grijalva en la nave San Lázaro en octubre 1533, que salió en aquel año del puerto de Santiago a la par que la fatídica La Concepción, nave capitaneada por Diego Becerra y quien resultó muerto, como mucho se ha contado, por Fortún Jiménez que después de su fechoría toma el control y descubre la costa sur de California, a la que llama isla de Las Perlas. Pero no vive para contarlo ya que es asesinado por los californios, sobreviviendo sólo dos tripulantes de esta nave amotinada, quienes llegaron a Sinaloa y dieron cuenta de estos trágicos sucesos.

    Otro importante y muy conocido documento, es la carta que envía Cortés desde Santa Cruz el 14 de mayo de 1535 y que puede ser considerada históricamente la primera carta que se envía desde California (sabrá Dios en qué servicio de mensajería se llevaría esa carta a su destino, pero esa es la fecha que señala) y lleva por destinatario al que es considerado fundador de Guadalajara, Cristóbal de Oñate, que en ese tiempo era uno de los capitanes de Nuño Beltrán de Guzmán, Gobernador de la Nueva Galicia y enemigo acérrimo de Cortés.

CARTA A CRISTOBAL OÑATE EL 14 DE MAYO DE 1535

    Esta primera carta californiana de la historia es importante para entender el derrotero de Cortés. En ella señala aspectos geográficos importantes que se verán plasmados en el primer mapa que se elaboró de las nuevas tierras; Cortés menciona que en primero de mayo avistaron la tierra y por ver unas sierras que les parecieron las más altas las nombró Sierras de Sant Felipe; ese mismo día, cerca de esas tierras descubrieron una isla que llamaron de Sanctiago (actual isla Cerralvo) y luego vieron otras dos: la Sant Miguel (hoy Espíritu Santo) y la Sant Cristóbal (hoy San José).

   También este documento tiene una referencia importante a las condiciones meteorológicas, donde Cortés habla que hizo 16 días de navegación “por las muchas calmas y tiempo contrario” (autores modernos creen que "tiempo contrario" se refiere a tormentas, cosa errónea pues el sentido de la oración, en este caso, es viento contrario) lo cual quiere decir que nunca tuvo viento a favor para cruzar el Golfo de California. Por la experiencia marinera que se conoce de la zona (y agradezco al experimentado marinero Rubén Villareal la información), es muy posible que las calmas las encontrara justo al salir con sus navíos de Chiametla (un punto que se encuentra justo en la desembocadura del hoy conocido como río Baluarte, entre dos lagunas al noroeste de la actual ciudad de Escuinapa, en el extremo sur del hoy estado de Sinaloa) y los vientos contrarios los hallase justo al acercarse al “canal de San Lorenzo” el cual se extiende por toda la costa de la pequeña península donde hace punta actualmente la playa El Tecolote; dicho canal se forma desde la bahía paceña, con la corriente que entra del norte y baja pegada a la costa, haciendo un cambio hacia el este en Punta León (el arrastre de sedimento de dicha corriente es la que ha propiciado la formación de la barra arenosa de El Mogote frente al puerto paceño), llevando la corriente a salir de la bahía justo en el canal entre la isla Espíritu Santo y la punta de El Tecolote. En este punto del canal de San Lorenzo, tanto la corriente como el viento empujan hacia el sureste con fuerza la mayor parte del año, resultando dificultosa la navegación en el canal entre la zona de la península y la isla Cerralvo con mareas fuertes y oleaje elevado. También el “zig-zag” con el que se movía un navío impulsado por velas en esa época, hace muy complicado que Cortés se internase en el canal de San Lorenzo justo frente a Cerralvo.

   En esta misma carta del 14 de mayo a Oñate, también se puede leer que Cortés prácticamente justifica el no escribir sobre la tierra encontrada. Esta parte de la posible explicación sobre la tierra, en la carta, desgraciadamente se encuentra rota, pero por la paleografía realizada sobre ella y haciendo un ejercicio de contextualización podemos, de alguna manera, completar el sentido que subyace en la misma, dice:

“No os escribo de la manera y disposición desta tierra porque no he salido a [roto] de despachar estos navíos por la gente y caball…[roto] hemos visto mucha gente y algunos han venido…[roto] mucha cantidad de perlas y pesquerías…[roto] hallado en partiéndose estos navíos entraré la tierra…[roto] vuelta que vuelvan habrá más noticia del secreto della y más lugar para poderos hacer relación de lo que hubiéremos visto”.
    En estos primeros 11 días en Santa Cruz, Cortés deja ver que no ha recorrido la tierra aún, es decir han permanecido sin hacer entradas, confinados a la playa que tomaron posesión. La gente que vieron no sabemos con certeza si fueron californios guaycuras o pericúes, pues la parte que ocupa la ensenada de la actual ciudad de La Paz y la pequeña península a su parte oriente, por las crónicas jesuitas del siglo XVIII, sabemos que era una zona de disputa entre distintas bandas de guaycuras (aripes, huichitíes) y los pericúes (isleños, coras). Por la fecha de llegada de los españoles, que es la estación más seca de la de por sí seca geografía peninsular, era muy posible que los californios no se encontraran cercanos a la playa, sino remontados en las serranías donde se hallan los aguajes y oasis. Debió ser grande la novedad para los californios -y por supuesto que la fue- para haber “bajado” a la playa de Santa Cruz a ver a estos exploradores y sus naves que debieron resultarles muy raros personajes.

UNA DE LAS PLAYAS QUE ESTÁN EN LA PUNTA QUE DOBLA CORTÉS

    Extraña ver que Cortés exponga de manera tan abierta la existencia de “muchas perlas” a Oñate, quien era uno de los capitanes de su acérrimo rival Nuño de Guzmán, pudo ser el desquite por los agravios de Nuño a las exploraciones cortesianas en la Mar del Sur; no sólo le presumía que había tomado posesión de una nueva tierra, sino que también era necesario echarle en cara que la tierra era rica en perlas. Lo de la “mucha pesquería” también resulta extraño, pues si había tanto alimento en el mar ¿Cómo fue posible que pocas semanas después ya estuvieran muriendo de hambre?

    Cuando señala que “hallado en partiéndose estos navíos entraré la tierra” hace notar Cortés que, antes de comenzar las entradas para el reconocimiento de la tierra adentro, su interés principal era despachar los navíos; ¿Cuál era el objetivo de este despacho? ir por la gente que había quedado en la contracosta. Sabemos que eran 320 personas las que se pretendía trasbordar hasta la desconocida “isla de perlas”. Una vez confirmándose su existencia en esta primera exploración que se tomó posesión, las naves regresan a Chiametla por esa gente que quedó a cargo de Andrés de Tapia; las embarcaciones San Lázaro y la Santo Tomás son las encargadas de hacer esta travesía, la San Lázaro aprovechando el viaje fue cargada con carne, bizcocho y otros bastimentos, pero de regreso a Santa Cruz quedó encallada frente a la costa de Jalisco, sus ocupantes desistieron de la expedición y decidieron regresarse a México, abandonando la nave.

   La nave Santo Tomás accede a un lugar llamado Guayabal, que se ubica en la actual costa central de Sinaloa. Para estas alturas, ya la gente que se había quedado en Santa Cruz tiene ya grandes padecimientos, incluso el cronista Bernal Díaz señala que ya habían muerto 23 de dolencias y hambre, y los que quedaban con vida “maldecían a Cortés, su isla y descubrimientos”. Bajo esta situación desesperada y la tardanza del retorno de las naves, Cortés decide ir a buscarlas en el navío que le quedaba, se fue con 60 hombres de Santa Cruz, algunos de ellos carpinteros, calafates y herreros con su respectivos hierros y fraguas pensando en que habría necesidad de hacerle reparación a las naves que no volvían. De aquí en adelante los cronistas nos dan exacta relación del viaje de Cortés, su encuentro con su otra nave al norte de Sinaloa (posiblemente la bahía de Topolobampo) cayendo a San Miguel (provincia de Culiacán) compra novillos, puercos, ovejas, maíz y granos a distintos precios pagando con “castellanos de oro”.

MAPA CON LA RUTA DE CORTÉS A SANTA CRUZ EN 1535 SEGÚN EL DR. LEÓN PORTILLA

    Lo que se puede echar de menos en estas narraciones es la ubicación temporal de las mismas. Desde la última carta de Cortés, el 14 de mayo de 1535, no tenemos mención de otra fecha que nos indique cuándo se realizaron todos estos trabajos en el recién descubierto golfo que después se llamaría de California. Pero lo que sí nos ofrecen los cronistas [López de Gómara (1553) , Bernal Díaz del Castillo (1575) y Antonio Herrera (1601)], es una clara descripción geográfica del lugar donde Cortés busca encontrar de regreso Santa Cruz y del cual, definitivamente podemos aseverar que es un lugar ubicado en la actual bahía (ojo, bahía, no ensenada) de La Paz.

    Cuando Cortés regresa con el cargamento de comida de la contracosta sinaloense, tiene un desafortunado percance donde muere el piloto del navío (Antonio Cordero), siendo el mismo Cortés quien debe pilotear. En este punto seguimos al cronista López de Gómara, quien narra que la nave ya se dirigía a la península, y se acercaba a la isla de Santiago (hoy Cerralvo) cuando le dio un noroeste muy recio que no le permitió continuar a la bahía de Santa Cruz, lo que hace es acercarse a la isla para protegerse de los vientos, llevando siempre la ruta pegada a tierra, y fondeado, avanza buscando un lugar a propósito para hacer aguada, encontrándolo en un arenal que debe ser la única playa que ofrece a propósito de desembarcar Cerralvo entre sus peñascos meridionales,  es una playa en la punta suroeste de la isla. Ahí, se afirma que cargó 8 pipas de agua; calmándose el noroeste se vuelve a enfilar a Santa Cruz, navegó hasta la isla de Las Perlas (hoy Espíritu Santo), en esta parte se calmó el viento, para luego que refrescó otra vez el noroeste, poder entrar en la bahía de Santa Cruz; enseguida se habla de que, por ser estrecho el canal y por la fluctuación de mareas, tuvo que entrar con sumo cuidado.

    “tornaron a hacer vela entre la isla y tierra firme” señala sobre este pasaje el cronista Antonio de Herrera, lo que sigue en la narración es muy importante, pues de Herrera señala “casi a la vista de la Isla de Santa Cruz calmó el tiempo” cosa que afligió mucho a Cortés pues “media hora más que le hubiese durado el viento” le alcanzaría para “doblar una punta” donde ya “lo podrían ver la gente que había dejado en el puerto”. Estas descripciones son contundentes, y nos dan a pensar que el canal que cruzó Cortés es el de San Lorenzo, justo entre el sur de la actual isla de Espíritu Santo y la punta de la pequeña península al este de la actual ciudad de La Paz, que en su frente hacia Espíritu Santo hoy se le conoce a las playas como Balandra, El Tecolote, Las Pilitas y El Pulguero.


    “Pero quiso Dios en todos estos peligros favorecer al Marqués” que dentro de una hora volvió el tiempo [entiéndase viento] y pudo doblar la punta, así por fin “la gente viendo la nao se alegró mucho”. Llega de noche Cortés a la boca del canal del puerto, pero tuvo que esperar hasta en la mañana que subiese la marea para poder introducirse al canal, que era muy angosto y medía más o menos una legua, ingresó en el canal pero el agua menguó y el navío que iba muy cargado se sentó sobre un ancla, hubo que esperar otro ascenso de la marea para poder por fin alcanzar el puerto de Santa Cruz o lo que hoy conocemos como puerto de Pichilingue. De estos fuertes vientos del noroeste podemos apuntar que comienzan a finales de otoño y se prolongan durante el invierno en la Bahía de La Paz, por lo que este retorno de Cortés a Santa Cruz debemos ubicarlo en fecha de finales de 1535 o principios de 1536.

MAPA DE PONCE AGUILAR CON LA RUTA DE CORTÉS, LA FLECHA ES LA RUTA CORRECTA DE CORTÉS EN LA PARTE ENTRE EL NORTE DE CERRALVO Y SANTA CRUZ

    Tanto Gómara como de Herrera insisten en llamarla “isla de Santa Cruz”, el autor del mapa moderno que vemos y que trazó esta ruta posible de lo que narramos, Antonio Ponce Aguilar, cree que estos cronistas se equivocan al nombrarla como “isla de Santa Cruz”. Lo que parece ignorar Ponce Aguilar es que, efectivamente, en su trazo original la franja de tierra que hace pequeña bahía con Pichilingue era una isla, para ser más precisos era isla San Juan Nepomuceno, y fue hasta el siglo XX que el canal se terraplenó en su parte norte y se unió la isla a tierra firme. También Ponce Aguilar insiste en que la ruta de Cortés fue hasta el norte de la isla Partida para después caer a Santa Cruz, un rodeo a todas luces imposible si seguimos lo que los antiguos cronistas aseguran que “con media hora más de viento, el marqués doblaría la punta de tierra firme”, es claro que Cortés entró por el canal marítimo de San Lorenzo y estaba consciente que la tierra firme le quedaba al sur junto con Santa Cruz y la isla de Las Perlas al norte, ruta que hasta la fecha es la que siguen los barcos que zarpan de Pichilingue para salir de la bahía de La Paz y dirigirse al macizo continental. 

   Hasta aquí dejaría esta primera parte para continuar, en la semana, con el resto de la narración que es donde abordaremos las entradas por tierra desde Santa Cruz y las instrucciones que daba Cortés para ello, también recogemos las opiniones que expresaron los hombres de Cortés sobre lo que vieron y experimentaron en California.


VISTA DEL ACTUAL PUERTO DE PICHILINGUE

martes, 28 de marzo de 2017

BUSCANDO UN SIGNO DE PAZ: DE HEIDEGGER A NÉSTOR AGÚNDEZ

BUSCANDO UN SIGNO DE PAZ: DE HEIDEGGER A NÉSTOR AGÚNDEZ



DISCURSO PRONUNCIADO POR INVITACIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE ESCRITORES SUDCALIFORNIANOS A.C. EN EL VIII ANIVERSARIO LUCTUOSO DEL PROFR. NÉSTOR AGÚNDEZ MARTÍNEZ

Por: Luis Domínguez Bareño
Cronista del XV Ayuntamiento de La Paz

Centro Cultural Profr. Néstor Agúndez, Todos Santos, La Paz, Baja California Sur a 27 marzo de 2017.

Estamos diáfanos, abiertos, descubiertos, a la intemperie, en la llanada absoluta del desierto, que se desgaja y cruje, que avanza y nos absorbe como un buen verso. Sudcalifornia ya ahora significa muchas cosas más allá de nuestro “provinciano” pensamiento, significa Universo, significa pluralidad, significa tantas y tantas cosas, y nos han puesto (y nos hemos puesto) con base en esa hambre de significado, tantos y tantos epítetos que nos escurre la modernidad, nomás de ver nuestro inmediato momento.

    El Ser sudcaliforniano se diluye en el ente, en esa temporalidad que nos habla Martin Heidegger en sus interminables oráculos del Ser, donde se queja a diestra y siniestra de la inautenticidad de la existencia, puesta tristemente a la caprichosa mano del tiempo. Una existencia que se corroe es el resultado de haber permitido la apertura, desmembramos al Ser en cuanto lo exponemos a ese intercambio con la multiplicidad que representan las ensoñaciones de la multitud.

    ¿Cómo se cura la identidad de este encuentro? ¿Cómo hacemos frente al mundo desde la región? ¿Cómo nos vamos deshaciendo de los atardeceres rojos? ¿Cómo poder renegar de nuestro provincionalismo sin sentirnos culpables? ¿Cómo sentir que inauguramos una nueva era al abandonar nuestras antiguas formas de pensamiento? ¿Cómo se renuncia a la utopía sin ser desgarrados? ¿Cómo dejar de ballenear en cada chubasco? ¿Cómo aguantar en la California sureña esa otredad de la que habla Sequera? ¿Cómo aprender a vivir de nuevo sin lo que nos arraigó al rancho, al valle y a la montaña? ¿Cómo pues desaparecer los lazos que nos atan a una tradición? ¿Cómo evitar que los cactos tomen por asalto las laderas y erizando de púas las praderas, desciendan belicosos de las sierras?



    ¿Y para qué poetas en tiempos de penuria? Machaca Heidegger recordando una elegía del poeta Friedrich Hölderlin, este tiempo penoso es el tiempo sin Dioses, sin Dios, donde la falta de Dios hace que se esfume la tarde de esta época del mundo, el tiempo es tan pobre que ya no es capaz de sentir la falta de dios como una falta. Caemos en una época de la noche del mundo, tiempo de penuria porque cada vez se torna más indigente.

    Pero no nos escandalicemos defendiendo a una iglesia, ni a algo más sagrado como nuestra relación con un Ser supremo; Heidegger trae el remedio y el trapito, y desentraña esta cuestionable metáfora: la falta de Dios significa que ningún Dios sigue reuniendo visible y manifiestamente a los hombres y a las cosas en torno a sí.

    La noche del mundo es la penuria de un tiempo indeterminado, por donde transitamos sin saber con certeza cuando ha de venir el día, ¿somos capaz de percatarnos de ello? ¿Cuándo nos cayó la noche y cuándo estuvimos tan cerca como ahora del precipicio? ¿Cuántos dioses más esperaremos para volver a reunirnos, no le aunque que sea en ausencia de los dioses mismos?

    Se nos viene la noche con un dolor sin nombre, con una ausencia de paz en aumento, con creciente confusión, con terror y aparición del miedo, de ese miedo que no sentíamos al mirar un cielo estrellado con el alma henchida de paz; se ha venido la noche con una estela de muerte, justo a la mitad del camino, con una identidad dizque mudando en progreso, con los labios pronunciando un “lo mejor es irse deshaciendo de nuestro provincianismo infantil” como le dijeron una vez al profe. Néstor, para resultar más modernos, más universales, menos aburridos, como menos apoltronados.

    Y suena de nuevo la sentencia con más fuerza ¿Y para qué poetas en tiempo de penuria? Bueno, pues a falta de dioses, sacerdotes. Ellos son, según dicen, como los sagrados sacerdotes de un tal dios del vino, que de tierra en tierra peregrinaban en la noche sagrada. Los poetas siguen el rastro de los dioses huidos, guían a los pueblos por las noches y aligeran los caminos; cuando más aprieta lo extraño, lo doloroso y lo falso, es cuando dibujan un destino, sin duda ni pensarlo, la paz es ese destino; una esencia que flota auténtica, que no corroe el tiempo de una larga noche en donde se ha caído.

    Amanece la obra de Néstor Agúndez Martínez como un día claro, su poesía es paz que refleja un deseo, un anhelo, una búsqueda incesante, esta es su obra, este es su templo donde aún se amacha, aquí se escribe su inmenso amor a nuestra cultura, nuestra educación, nuestra historia, nuestra literatura y nuestras danzas. Aquí la voz de la paz aún puede percibirse como el canto del poeta que en su obra hizo de ella toda una hazaña; aquí en Todos Santos, provincia dentro de nuestra provincia sudcaliforniana, es el bastión de lo que hemos sido, escritura para nuestros males actuales y para el futuro una punta de lanza.

Muchas gracias.



DISCURSO LXXXV ANIVERSARIO LUCTUOSO DE ILDEFONSO CIPRIANO GREEN CESEÑA, SUDCALIFORNIANO ILUSTRE



LXXXV ANIVERSARIO LUCTUOSO DE ILDEFONSO  CIPRIANO GREEN CESEÑA, SUDCALIFORNIANO ILUSTRE
Por: Luis Domínguez Bareño

Cronista Municipal de La Paz

Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, La Paz, B. California Sur, 27 Marzo 2017

Ildefonso Cipriano Green Ceseña nació en Cabo San Lucas el 23 de enero de 1830, hijo de Esteban Rufino Green doña Jesús Ceseña Ojeda, huérfano de padre a los cinco años fue enviado a San José del Cabo a estudiar la educación primaria. Su madre contrajo segundas nupcias en 1844 y la familia emigró a San José en la Alta California; dos años después se trasladó a la ciudad de Nueva York donde llevó a cabo algunos estudios de medicina y logró adquirir un conocimiento notable de la cultura en general.

    Después de otras dos estancias en la Alta California, regresa definitivamente a Cabo San Lucas en el año de 1853, justo en ese año el filibustero Wiliam Walker pretendió crear la República de Baja California, lo cual no era más que un pretexto para tratar de separar la península de México y después anexarla a los Estados Unidos. Don Ildefonso intuía bien estas malsanas intenciones de Walker y se dio a la tarea de organizar un contingente de hombres para hacer frente a estos aventureros norteamericanos que creyeron ver desprotegida la península y que sería relativamente fácil ponerla bajo su mando.

    Pero el valor de Ildefonso Green y otros valientes californios pudo más, al final de cuenta se impusieron a los invasores que expulsaron al año siguiente; estos importantes triunfos afirmaban contundentemente que los sudcalifornianos se miraban así mismo como orgullosos mexicanos y dispuestos a defender la península en favor de la patria, ya la triste experiencia de la mitad de la pérdida del territorio nacional en 1848 había calado muy hondo en la mentalidad peninsular.

    Ya había tenido su bautizado de fuego combatiendo a los piratas extranjeros, ahora tocaba defender el orden y la ley suprema de la nación contra los mexicanos que desconocieran la Constitución liberal de 1857. Es por eso que, junto a Mauricio Castro, Green se levanta en armas nuevamente, esta vez organiza una compañía liberal de rancheros a los que se conoce como “rifleros de San Lucas” con los cuales derrota al bando conservador y se impone el orden constitucional, apoyando a Teodoro Riveroll para que gobernara la península. Así permanecieron los sudcalifornianos, dándose un gobierno interno liberal, mientras los invasores franceses imponían la monarquía de un emperador extranjero en el resto del país en la persona de Maximiliano.

    En estos momentos difíciles para la nación, Don Ildefonso se asoció con otro sobresaliente sudcaliforniano, el Gral. Manuel Márquez de León, junto a quien trabajó para preparar la península ante cualquier ataque que intentaran hacer los franceses, Green con sus rifleros se quedó custodiando la península, mientras Márquez avanzó al interior del país con un grupo de valientes sudcalifornianos que integraron el “batallón Cazadores de California” que combatió gallardamente contra los franceses.
    Cuando Pedro Magaña torció la ley para perpetuarse en 1866 en la jefatura política local, nuestro héroe del sur peninsular fue a combatirlo y, tras nueve días de asedio en Santiago, finalmente logra derrotarlo y reestablecer el orden legal del gobierno republicano juarista.

    En 1874, tras desconocer al jefe político nombrado por Juárez, se levantó en armas Ramón Valdez, en esta ocasión Green personalmente acabó con la vida del rebelde Valdez y, a pesar de recibir órdenes expresas de fusilar a los prisioneros tomados de la revuelta de Valdez, se negó a cumplir con las dichosas órdenes debido a que consideraba que eran muy jóvenes los rebeldes y habían sido engañados para participar en la revuelta, prefería no hacer correr la sangre de gente inocente. Lo cual nos muestra la magnanimidad y ejercicio responsable de sus ideales.



    Amigo siempre de la causa liberal, supo ver junto a Márquez de León, que al llegar Porfirio Díaz por fin a la presidencia de México, no se había portado a la altura de los ideales liberales, mucho menos daba algún paso concreto para hacer realidad los anhelos políticos de los sudcalifornianos; es por eso que toma parte en la Revolución de El Triunfo de 1879, con la cual Márquez de León se levanta en armas contra el Presidente Díaz. Después de derrotar a las tropas federales en el sur, ante el envío de más soldados federales de Sonora y Sinaloa, se repliega con Márquez hacia la frontera norte de la península, donde se dedicó a las actividades mineras hasta que pudo volver a finales del siglo XIX a su tierra sureña donde se dedica a la captura de ostras perleras.

    Pero el destino le dio revancha, y vio caer la larga dictadura de Porfirio Díaz en 1911, tras lo cual Don Ildefonso fue electo presidente municipal de San José del Cabo. Por ser parte del gobierno, tras la muerte de Madero y la usurpación de la presidencia de Victoriano Huerta, se le ordenó combatir a los constitucionalistas comandados por Félix Ortega. Pero otra vez hizo uso de su atinado criterio y se negó a perseguir a Ortega.

    Se sumó a las filas del constitucionalismo en 1915, junto a Urbano Angulo, coincidiendo una vez más en ese espíritu liberal revolucionario pero respetuoso de la legalidad, que una vez reestablecida hizo que Ildefonso Green fuera nombrado mayor en el ejército del cual se da de baja dos años después. Y ya casi con noventa años a cuestas sigue dedicando su tiempo a defender las causas populares, reclamando tierras para los campesinos a la vez que solicitaba al gobierno ofreciese oportunidades educativas para los jóvenes además de velar porque los recursos naturales concesionados a empresas extranjeras regresasen a manos mexicanas. La muerte lo sorprendería en su rancho Santa Gertrudis un día como hoy, pero de  1932, a la edad de 102 años.


    Don Ildefonso Cipriano Green Ceseña fue un hombre necesario para México y para la Baja California, le tocó participar defendiendo a la “patria grande” contra las ambiciones extranjeras, y también defender a la “patria chica” contra las ambiciones de los compatriotas que trataron de transgredir la ley; Ildefonso Green es más que un héroe, es un ejemplo de pundonor, de congruencia y de sensatez, virtudes siempre actuales y todas ellas muy necesarias antes de llegar a las armas, es decir, para llevar a cabo una buena política que sirva a los intereses del pueblo. Por ese alto sentido de responsabilidad para con su gente y su tierra, es que hoy en día se le considera un sudcaliforniano ilustre, sigamos aprendiendo de este hombre eterno. 

Muchas Gracias.










domingo, 26 de marzo de 2017

XXXIII ANIVERSARIO LUCTUOSO PROFR. JESÚS CASTRO AGÚNDEZ

XXXIII ANIVERSARIO LUCTUOSO DEL  SUCALIFORNIANO ILUSTRE PROFR. JESÚS CASTRO AGÚNDEZ.

Por Luis Domínguez Bareño
Cronista Municipal del Ayuntamiento de La Paz

El día de hoy 26 de marzo se cumplen 33 años de la muerte del profr. Jesús Castro Agúndez, quien fuera destacado profesor normalista, político, cronista estatal y literato destacado, cuyos restos descansan en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres. El profr. Castro Agúndez nació en El Rosarito (hoy zona conurbada de San José del Cabo) hoy municipio de Los Cabos, Baja California Sur, el 17 de enero de 1906. Fue del primer grupo de estudiantes sudcalifornianos que viajó a la Ciudad de México e inauguraron la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en la capital del país, se inclinó por la docencia e ingresó a la Escuela Normal para Maestros.

    Fue profesor, director de plantel e inspector, Jefe de Misiones Culturales, Director de la Escuela Normal Regional Campesina de San Ignacio (BCS), de la Escuela Normal Regional de Tamatán (Tamaulipas) y de la Escuela Normal Rural de Mexe (Hidalgo). A nivel nacional tuvo el encargo de Subjefe del Departamento de Internados de Enseñanza Primaria de la SEP, Supervisor Gral. de la Zona Noroeste de la República, Director Federal de Educación en Sinaloa y Baja California Sur, Director General de Internados de Enseñaza Primaria y Escuelas Asistenciales y finalmente en 1961 llegó a ser Supervisor General de Enseñanza Primaria del país.

    Entre sus logros destacan el crear en 1946 los Internados de Enseñanza Primaria en Baja California Sur, la creación de las Olimpiadas Territoriales y los Juegos Deportivos Estatales, la creación de la Dirección General de Acción Social, Cívica y Cultural en el Gobierno del entonces Territorio, el Patronato del Estudiante Sudcaliforniano y la creación del Comité Pro Vivienda Popular.

    El profr. Castro Agúndez fue nombrado Cronista Estatal bajo el gobierno del Ing. Félix Agramont, desempeñó un papel importante en el Frente de Unificación Sudcaliforniano (FUS) Y fue dirigente del Comité Directivo Territorial del PRI, finalmente llegó a ser el primer Senador del entonces Territorio de Baja California Sur de 1974 a 1976.

    Como escritor tuvo una prolífica carrera como narrador, conferencista, articulista y cronista, entre sus obras más destacadas y que ocupan un alto puesto en el acervo cultural sudcaliforniano, se encuentran: Patria Chica (1957), El Canto del Caudel (1974), Viajando por el Golfo de California (1975), Resumen Histórico de Baja California Sur (1979) y Ando en mis Meras Nadadas (1983). En su obra se refleja la templanza con que el sudcaliforniano enfrenta las duras condiciones geográficas de la vida en la tierra peninsular, en donde supo expresar y compartir los anhelos de un joven pueblo orgulloso de sus raíces y ansioso de forjar un próspero destino.

    Les compartimos esta excelente biografía del profr. Jesús Castro Agúndez, realizada por el profr. Jesús Murillo Aguilar y editada en 2004. La hemos escanneado en alta calidad para una mejor visualización de la obra. 





















viernes, 3 de marzo de 2017

NOVEDAD EDITORIAL: LA CALIFORNIA JESUITA (SALVATIERRA, VENEGAS, DEL BARCO, BAEGERT) DE LEONARDO VARELA

NOVEDAD EDITORIAL: LA CALIFORNIA JESUITA (SALVATIERRA, VENEGAS, DEL BARCO, BAEGERT) DE LEONARDO VARELA CABRAL

Por: Luis Domínguez Bareño
Cronista Municipal de La Paz



A estas alturas resulta ocioso presentar a Leonardo Varela Cabral, y digo esto pues es de sobra conocido que, desde comienzos de este siglo, Leonardo se ha consolidado como uno de los poetas, y por ende escritor, más sobresalientes de Baja California Sur. Licenciado en Humanidades por la UABCS y choyero por adopción, ha sido galardonado con premios importantes de poesía, como el internacional Jaime Sabines (2003), el latinoamericano Benemérito de las Américas (2005) y el premio internacional Gilberto Owen (2010); también cuenta con trayectoria dentro del servicio público al desempeñarse como Jefe de Difusión Cultural de la UABCS y Director de Cultura en el XIII Ayuntamiento de La Paz. Entre sus publicaciones cuenta con una docena de libros de poesía (perihelio/Elefantia para mi gusto su más acabada obra aunque lamentablemente poco conocida), además de un volumen de cuentos y la novela El miedo a las imágenes.

    En los últimos años, Leonardo ha venido realizando un trabajo importante de investigación y divulgación en el Archivo Histórico de Baja California Sur “Profr. Pablo L. Martínez”, repositorio estatal que por cierto, bajo la atinada dirección de la Mtra. Elizabeth Acosta Mendía y un muy calificado grupo de profesionales, se ha consolidado como el más importante centro de divulgación de nuestra historia y cultura, pues la cantidad de publicaciones sobre dichos asuntos es inmensa además de trascender las fronteras sudcalifornianas, ya que ha dado a conocer trabajos de importantes historiadores del vecino estado de Baja California, como del geólogo Carlos Lazcano (Vestigios de la Antigua California) y el que coordinó el Dr. Mario Alberto Magaña Mancillas (Epidemias y rutas de propagación en la Nueva España y México, siglos XVIII Y XIX).

    En esta ocasión Leonardo Varela nos presenta el libro La California Jesuita (Salvatierra, Venegas, Del Barco, Baegert) el cual es una selección de las mejores crónicas misionales del siglo XVIII, la mayor parte de estos textos se encuentran inhallables para el lector actual que quisiera hacer acopio de los mismos, pasémosle lista a los escritos seleccionados en esta edición de Varela:

    La obra del religioso poblano Miguel Venegas (1680-1764) Noticia de la California y de su conquista espiritual hasta el tiempo presente tuvo su última publicación en varios tomos en el año de 1979, fue por medio de la UABCS y en una edición muy restringida, la cual es de complicado acceso hoy en día; la obra del jesuita español y misionero en San Javier muchos años, Miguel del Barco (1706-1790) Historia natural y crónica de la Antigua California, vio su última publicación por la UNAM en 1988 (la primera edición fue de 1973) gracias al erudito trabajo del Dr. Miguel León Portilla, divulgador incansable de la historia de la California mexicana; las siguientes son dos cartas del civilizador de las Californias, Juan María de Salvatierra y Vizconti (1648-1717), fue escrita a su superior, padre Juan de Ugarte, el 27 de noviembre de 1697, justo unos días después de que Salvatierra al frente de un reducido grupo llegaran a la ensenada de San Dionisio y fundasen la Misión de Nuestra Señora de Loreto, con la que dieron principio 70 años de labor misionero de los jesuitas en California. Esta carta, junto a otras seis más de Salvatierra, tuvo su última edición por la UABCS y el Fondo Nacional de Fomento al Turismo hace 20 años, contenidas en un texto denominado La fundación de la California jesuítica el cual fue realizado por un entrañable profesor e historiador de la UNAM, el Dr. Ignacio del Río; quizá el único texto asequible hoy en día en el Estado, sean las Noticias de la península americana de California del religioso alemán Juan Jacobo Baegert (1717-1777), quien fue misionero entre los guaycuras de San Luis Gonzaga y las escribió en su tierra, tras la expulsión de la orden jesuita en 1767 siendo editadas originalmente en Mannheim (1772) en idioma alemánimo.  Hace cuatro años el Archivo Histórico “Profr. Pablo L. Martínez” realizó una re-edición de la obra, la cual es considerada la más importantes para conocer la vida y costumbre de la cultura guaycura y acceder a importante información histórica del siglo XVIII en nuestra California original.



    Por sí sola y por la importancia que revisten los testimonios de los misioneros para nuestra historia, la pura reedición de extractos de esta obras ya implica una justificación para realizarla, pero Varela va un poco más allá y nos ofrece, al comienzo de cada texto, una pequeña biografía del misionero redactor, lo cual acompaña con algunos detalles de la edición de la obra original. En la introducción Varela se planta en actitud francamente humanista, propone un diálogo actual (muy ad hoc con nuestra hermenéutica época) con nuestra historia remota. El diálogo se constituye como la operación humanista por excelencia, en la que se encuentran diferentes posturas con respecto a una idea o acción, se pueden confrontar y, en su caso, sintetizar. Baste recordar los diálogos de Platón, en que mediante la conversación erigida en método (la mayéutica socrática), se buscaba el conocimiento. En el diálogo está la razón: ese antiguo concepto humano que ha sido salvaguardado por la historia como la meta de todo proceso civilizatorio. El diálogo, que implica el antiguo logos (lógos), es palabra para la cual los griegos tenían muy alta estima pues la consideraban un “habla inteligente”, “una palabra reflexionada” no era hablar por hablar como muchas veces se da, sino que era propiedad única del razonamiento. Lógos pasó a la tradición romana como verbum, el verbo, que también fue importante para las sagradas escrituras cristianas, sobre todo en los evangelios, sólo basta recordar aquella famosa frase del evangelio de San Juan en el Nuevo Testamento (“el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”), para ver en su amplia dimensión las consecuencias religiosas y simbólicas, hasta nuestros días, de la mencionada palabra.

    Muchos de los jesuitas que llegaron a California sabían perfectamente de esto, algunos incluso fueron profesores de filosofía en los colegios que estuvieron en la Nueva España. Se erigieron en una orden religiosa creada ex profeso para combatir el gran cisma del cristianismo: la iglesia protestante. Había que reformar a la Iglesia Católica para combatir la Reforma, la vida sacerdotal de la orden se basaba en cuatro votos: la obediencia, la castidad, la pobreza y la obediencia al papa, al Romano Pontífice, “Vicario de Cristo en la Tierra”.  Los miembros de la llamada Compañía de Jesús, fundada a mediados del siglo XVI, se afanaron en propagar su Pax Christi a todos los rincones del planeta, por eso buscaron la manera de llegar a los lugares más inhóspitos y alejados entonces conocidos, China y Japón fueron visitados por los misioneros jesuitas, incluso Salvatierra originalmente deseaba ser enviado al Lejano Oriente a predicar, tal fue su conocimiento de los pasos de la Compañía por allá que, en la sierra Tarahumara, fundó una Misión con el nombre de Los Santos Mártires del Japón (Cuiteco).

    Varela hace hincapié en ese doble signo que caracteriza a la orden religiosa de los jesuitas, una primera parte se manifiesta como una lucha contra sus mismas inclinaciones mundanas, basada en los Ejercicio espirituales de San Ignacio, una explanación metódica del pensar en el vivir, “un enfrentamiento” con su propia conciencia para despojarse de los apegos y los egoísmos. El famoso ascetismo, la condición que busca negar las necesidades humanas en la consecución de un fin más trascendente, casi místico, y que sociólogos de la religión como Max Weber, identificaban como una característica clásica del cristianismo primitivo.

    La segunda parte es en la confrontación con su época, donde los vemos embebidos en la búsqueda del ideal puro, original de la religión cristiana en su vertiente católica, hace a los jesuitas rebelarse contra el espíritu de su época: el racionalismo. El cual fue representando en el siglo XVIII por el pensamiento ilustrado, al que combatieron igualmente como su “bestia negra", afirma Varela.

     ¿Hasta dónde llegaría la “conquista espiritual jesuita en la California? Por su expulsión del reino de España y todas sus posesiones en 1767 nunca lo sabremos. Pero por el avance del despotismo ilustrado y la búsqueda de beneficios económicos por parte de la corona española, podemos inferir que no hubieran llegado mucho más lejos. La obra jesuita en California era una empresa utópica, intentaron subsumir al indio californio en los cánones de la vida cristiana, usaron su poder político absoluto sobre las cosas temporales en el territorio peninsular y defendieron su utopía como un proyecto inatacable. Sin duda cuestionables muchas de sus acciones, también cabe preguntar ¿y si no eran los jesuitas, entonces quién? ¿Quién “conquista la inconquistable California? ¿Cómo hubiera sido el proceso de “aculturación” de los indios californios? Esa es otra interrogante que tampoco podremos contestar. Pero si estamos en posibilidad de inferir que, otro tipo de contacto de los indios californios con occidente, hubiese resultado más dramático aún. Los californios desconfiaban, y con sobrada razones por la experiencia de encuentros violentos, de los occidentales. El trabajo de acercamiento de Salvatierra y sus jesuitas fue un proceso largo, donde las Misiones estuvieron en riesgo de perderse por las hostilidades desde el mismo momento en que Salvatierra fundó Loreto, él mismo lo narra en la primera de las cartas que Varela seleccionó en el texto.

    Este tipo de cuestionamientos son los que siguen en el aire hoy en día, esta ambigua herencia que nos dejaron los misioneros jesuitas en nuestra hoy Baja California Sur sigue abierta, en espera que nos la apropiemos definitivamente o sigamos dudando de ella y su pertinencia, que también se vale en la incesante búsqueda de identidad de los pueblos.


    Por otro lado, son importantes los documentos jesuitas porque en ellos se asoma subrepticiamente el indígena californio, los habitantes más antiguos de estos territorios y los cuales, hasta la historia que llevamos conocida, han sido quienes más tiempo han permanecido en ella. Se adaptaron al inhóspito desierto californiano, sin bellos palacios, sin grandes construcciones, sin complejas teorías sobre el cosmos, pero sobrevivieron, ni el más acendrado choyero sobreviviera hoy más de un día si lo soltaran “a la buena de Dios” en un espinudo lomerío reseco de este desierto. Tal vez esa enseñanza sea la gran herencia de los californios y no alcancemos a comprenderlo, no esperemos a que sea tarde para ello. Leer La California Jesuita de Leonardo Varela es otro buen comienzo.