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martes, 28 de marzo de 2017

DISCURSO LXXXV ANIVERSARIO LUCTUOSO DE ILDEFONSO CIPRIANO GREEN CESEÑA, SUDCALIFORNIANO ILUSTRE



LXXXV ANIVERSARIO LUCTUOSO DE ILDEFONSO  CIPRIANO GREEN CESEÑA, SUDCALIFORNIANO ILUSTRE
Por: Luis Domínguez Bareño

Cronista Municipal de La Paz

Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, La Paz, B. California Sur, 27 Marzo 2017

Ildefonso Cipriano Green Ceseña nació en Cabo San Lucas el 23 de enero de 1830, hijo de Esteban Rufino Green doña Jesús Ceseña Ojeda, huérfano de padre a los cinco años fue enviado a San José del Cabo a estudiar la educación primaria. Su madre contrajo segundas nupcias en 1844 y la familia emigró a San José en la Alta California; dos años después se trasladó a la ciudad de Nueva York donde llevó a cabo algunos estudios de medicina y logró adquirir un conocimiento notable de la cultura en general.

    Después de otras dos estancias en la Alta California, regresa definitivamente a Cabo San Lucas en el año de 1853, justo en ese año el filibustero Wiliam Walker pretendió crear la República de Baja California, lo cual no era más que un pretexto para tratar de separar la península de México y después anexarla a los Estados Unidos. Don Ildefonso intuía bien estas malsanas intenciones de Walker y se dio a la tarea de organizar un contingente de hombres para hacer frente a estos aventureros norteamericanos que creyeron ver desprotegida la península y que sería relativamente fácil ponerla bajo su mando.

    Pero el valor de Ildefonso Green y otros valientes californios pudo más, al final de cuenta se impusieron a los invasores que expulsaron al año siguiente; estos importantes triunfos afirmaban contundentemente que los sudcalifornianos se miraban así mismo como orgullosos mexicanos y dispuestos a defender la península en favor de la patria, ya la triste experiencia de la mitad de la pérdida del territorio nacional en 1848 había calado muy hondo en la mentalidad peninsular.

    Ya había tenido su bautizado de fuego combatiendo a los piratas extranjeros, ahora tocaba defender el orden y la ley suprema de la nación contra los mexicanos que desconocieran la Constitución liberal de 1857. Es por eso que, junto a Mauricio Castro, Green se levanta en armas nuevamente, esta vez organiza una compañía liberal de rancheros a los que se conoce como “rifleros de San Lucas” con los cuales derrota al bando conservador y se impone el orden constitucional, apoyando a Teodoro Riveroll para que gobernara la península. Así permanecieron los sudcalifornianos, dándose un gobierno interno liberal, mientras los invasores franceses imponían la monarquía de un emperador extranjero en el resto del país en la persona de Maximiliano.

    En estos momentos difíciles para la nación, Don Ildefonso se asoció con otro sobresaliente sudcaliforniano, el Gral. Manuel Márquez de León, junto a quien trabajó para preparar la península ante cualquier ataque que intentaran hacer los franceses, Green con sus rifleros se quedó custodiando la península, mientras Márquez avanzó al interior del país con un grupo de valientes sudcalifornianos que integraron el “batallón Cazadores de California” que combatió gallardamente contra los franceses.
    Cuando Pedro Magaña torció la ley para perpetuarse en 1866 en la jefatura política local, nuestro héroe del sur peninsular fue a combatirlo y, tras nueve días de asedio en Santiago, finalmente logra derrotarlo y reestablecer el orden legal del gobierno republicano juarista.

    En 1874, tras desconocer al jefe político nombrado por Juárez, se levantó en armas Ramón Valdez, en esta ocasión Green personalmente acabó con la vida del rebelde Valdez y, a pesar de recibir órdenes expresas de fusilar a los prisioneros tomados de la revuelta de Valdez, se negó a cumplir con las dichosas órdenes debido a que consideraba que eran muy jóvenes los rebeldes y habían sido engañados para participar en la revuelta, prefería no hacer correr la sangre de gente inocente. Lo cual nos muestra la magnanimidad y ejercicio responsable de sus ideales.



    Amigo siempre de la causa liberal, supo ver junto a Márquez de León, que al llegar Porfirio Díaz por fin a la presidencia de México, no se había portado a la altura de los ideales liberales, mucho menos daba algún paso concreto para hacer realidad los anhelos políticos de los sudcalifornianos; es por eso que toma parte en la Revolución de El Triunfo de 1879, con la cual Márquez de León se levanta en armas contra el Presidente Díaz. Después de derrotar a las tropas federales en el sur, ante el envío de más soldados federales de Sonora y Sinaloa, se repliega con Márquez hacia la frontera norte de la península, donde se dedicó a las actividades mineras hasta que pudo volver a finales del siglo XIX a su tierra sureña donde se dedica a la captura de ostras perleras.

    Pero el destino le dio revancha, y vio caer la larga dictadura de Porfirio Díaz en 1911, tras lo cual Don Ildefonso fue electo presidente municipal de San José del Cabo. Por ser parte del gobierno, tras la muerte de Madero y la usurpación de la presidencia de Victoriano Huerta, se le ordenó combatir a los constitucionalistas comandados por Félix Ortega. Pero otra vez hizo uso de su atinado criterio y se negó a perseguir a Ortega.

    Se sumó a las filas del constitucionalismo en 1915, junto a Urbano Angulo, coincidiendo una vez más en ese espíritu liberal revolucionario pero respetuoso de la legalidad, que una vez reestablecida hizo que Ildefonso Green fuera nombrado mayor en el ejército del cual se da de baja dos años después. Y ya casi con noventa años a cuestas sigue dedicando su tiempo a defender las causas populares, reclamando tierras para los campesinos a la vez que solicitaba al gobierno ofreciese oportunidades educativas para los jóvenes además de velar porque los recursos naturales concesionados a empresas extranjeras regresasen a manos mexicanas. La muerte lo sorprendería en su rancho Santa Gertrudis un día como hoy, pero de  1932, a la edad de 102 años.


    Don Ildefonso Cipriano Green Ceseña fue un hombre necesario para México y para la Baja California, le tocó participar defendiendo a la “patria grande” contra las ambiciones extranjeras, y también defender a la “patria chica” contra las ambiciones de los compatriotas que trataron de transgredir la ley; Ildefonso Green es más que un héroe, es un ejemplo de pundonor, de congruencia y de sensatez, virtudes siempre actuales y todas ellas muy necesarias antes de llegar a las armas, es decir, para llevar a cabo una buena política que sirva a los intereses del pueblo. Por ese alto sentido de responsabilidad para con su gente y su tierra, es que hoy en día se le considera un sudcaliforniano ilustre, sigamos aprendiendo de este hombre eterno. 

Muchas Gracias.










domingo, 26 de marzo de 2017

XXXIII ANIVERSARIO LUCTUOSO PROFR. JESÚS CASTRO AGÚNDEZ

XXXIII ANIVERSARIO LUCTUOSO DEL  SUCALIFORNIANO ILUSTRE PROFR. JESÚS CASTRO AGÚNDEZ.

Por Luis Domínguez Bareño
Cronista Municipal del Ayuntamiento de La Paz

El día de hoy 26 de marzo se cumplen 33 años de la muerte del profr. Jesús Castro Agúndez, quien fuera destacado profesor normalista, político, cronista estatal y literato destacado, cuyos restos descansan en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres. El profr. Castro Agúndez nació en El Rosarito (hoy zona conurbada de San José del Cabo) hoy municipio de Los Cabos, Baja California Sur, el 17 de enero de 1906. Fue del primer grupo de estudiantes sudcalifornianos que viajó a la Ciudad de México e inauguraron la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en la capital del país, se inclinó por la docencia e ingresó a la Escuela Normal para Maestros.

    Fue profesor, director de plantel e inspector, Jefe de Misiones Culturales, Director de la Escuela Normal Regional Campesina de San Ignacio (BCS), de la Escuela Normal Regional de Tamatán (Tamaulipas) y de la Escuela Normal Rural de Mexe (Hidalgo). A nivel nacional tuvo el encargo de Subjefe del Departamento de Internados de Enseñanza Primaria de la SEP, Supervisor Gral. de la Zona Noroeste de la República, Director Federal de Educación en Sinaloa y Baja California Sur, Director General de Internados de Enseñaza Primaria y Escuelas Asistenciales y finalmente en 1961 llegó a ser Supervisor General de Enseñanza Primaria del país.

    Entre sus logros destacan el crear en 1946 los Internados de Enseñanza Primaria en Baja California Sur, la creación de las Olimpiadas Territoriales y los Juegos Deportivos Estatales, la creación de la Dirección General de Acción Social, Cívica y Cultural en el Gobierno del entonces Territorio, el Patronato del Estudiante Sudcaliforniano y la creación del Comité Pro Vivienda Popular.

    El profr. Castro Agúndez fue nombrado Cronista Estatal bajo el gobierno del Ing. Félix Agramont, desempeñó un papel importante en el Frente de Unificación Sudcaliforniano (FUS) Y fue dirigente del Comité Directivo Territorial del PRI, finalmente llegó a ser el primer Senador del entonces Territorio de Baja California Sur de 1974 a 1976.

    Como escritor tuvo una prolífica carrera como narrador, conferencista, articulista y cronista, entre sus obras más destacadas y que ocupan un alto puesto en el acervo cultural sudcaliforniano, se encuentran: Patria Chica (1957), El Canto del Caudel (1974), Viajando por el Golfo de California (1975), Resumen Histórico de Baja California Sur (1979) y Ando en mis Meras Nadadas (1983). En su obra se refleja la templanza con que el sudcaliforniano enfrenta las duras condiciones geográficas de la vida en la tierra peninsular, en donde supo expresar y compartir los anhelos de un joven pueblo orgulloso de sus raíces y ansioso de forjar un próspero destino.

    Les compartimos esta excelente biografía del profr. Jesús Castro Agúndez, realizada por el profr. Jesús Murillo Aguilar y editada en 2004. La hemos escanneado en alta calidad para una mejor visualización de la obra. 





















viernes, 2 de diciembre de 2016

DE LA REFORMA A LA REVOLUCIÓN CON ILDEFONSO GREEN



Muy buenos días,

Hoy les compartimos este excelente texto sobre el ilustre sudcaliforniano Ildefonso Cipriano Green Ceseña (Cabo San Lucas, 1830 - Santa Gertrudis, 1932).

    Es una obra editada por el Gobierno del Estado de Baja California Sur y preparada en 1986 su edición, para acompañar el traslado de los restos del revolucionario Idelfonso Green Ceseña desde Cabo San Lucas hasta la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres en la Unidad Cultural Profr. Jesús Castro Agúndez, en la ciudad de La Paz.

    Agradezco al estimado amigo y sobrino-nieto de Ildefonso Green, el Arq. Víctor Hugo Green Palacios, por haber escaneado tan valioso documento y proporcionármelo de manera generosa.

Les dejó el link a donde pueden descargar el libro en formato PDF, espero lo disfruten. 

Saludos.
Luis Domínguez Bareño
Cronista Municipal de La Paz

DESCARGAR:


domingo, 13 de marzo de 2016

MÁRQUEZ DE LEÓN Y EL COMETA DE 1882

   Por: Luis Domínguez Bareño

    Manuel Márquez de León (1822-1890) es uno de los más extraordinarios hombres que ha dado la península californiana, no por nada sus restos se encuentran en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres en la ciudad de La Paz. Allende las andanzas políticas, militares, todas ellas grandiosas y fortuitas para la nación, Márquez de León poseía una inquietud que según sus palabras, buscaba trascender en el tiempo, ideas suyas que pretendía no se perdieran en el polvo del sepulcro, por eso escribió y dio a imprenta, cinco años antes de su muerte, un libro suyo conteniendo pensamientos y que tituló "en mis ratos de soledad".

  Dicho libro habla sobre una variedad de temas que interesaba compartir el general Márquez, de hecho explica, deberían ser dos libros, pero al encontrarse en condiciones tan adversas le era imposible mandar a imprenta uno y dejar para después el segundo; resuelve fusionarlos en un sólo texto, también incluye cinco cartas que, según menciona, las escribió a Camille Flammarion ( 1842-1925) un científico francés muy connotado en la época y con el cual Márquez se sentía afín en pensamiento científico y sentimiento teológico. Dichas cartas las elabora cuando se encontraba en el Rancho de Los Algodones, a orillas del Río Colorado, donde acampaba en 1880 mientras continuaba desesperadamente su lucha por darle seguimiento a la malograda Revolución de El Triunfo, la cual debía derrocar a Porfirio Díaz de la Presidencia de México. No conocemos hasta el momento en qué forma Márquez hizo llegar o pretendió hacer llegar dichas cartas hasta Francia al científico Flammarion, no lo explica. Pero afortunadamente en el libro En mis ratos de soledad recupera las cartas, las cuales envía en el año de 1883 al director del periódico “La República” para que sean publicadas.

   En ese último año, Márquez de León continúa en su destierro en San Francisco, California, tal como lo empezó desde 1880 en que no pudo regresar ya a México por miedo a ser apresado por el gobierno de Díaz, pues éste lo había declarado fugitivo desde que Márquez y su gente se levantarán en armas el 22 de noviembre de 1879 en El Triunfo, tomarán La Paz, expulsaran a las fuerzas federales a Sinaloa, nombrara a Clodomiro Cota gobernante, tomando bajo su poder la península bajacaliforniana durante varias semanas. Si bien Márquez manifiesta en 1880 a Flammarion que es pobre y no tiene telescopio[1], las cosas ya son algo distintas para 1883 pues Márquez estaba inmerso en un proceso de indagación científica donde se disponía a hacer aclaraciones a sus escritos; menciona precisamente que ya ha podido realizar observaciones a través de telescopio y redacta unas “adiciones  a la teoría de la luz”, donde afirma:

     Otra vez, observando a la simple vista uno de los más hermosos cometas que puede registrar en sus anales la astronomía, contemplaba extasiado la inmensa esfera gaseosa de que estaba rodeado su núcleo, sobre el cual obraba la luz del Sol, vigorizando la de aquel cuerpo cósmico cuyos rayos se prolongaban en dirección opuesta al padre del día, para formar esa larguísima cauda que prestaba singular belleza a la bóveda celeste. Posible me parecía que esas moléculas iluminadas de la atmósfera vaporosa del cometa, no pudieran trasmitir su débil luz, pero no concebía como siendo vibraciones del éter, no se extendieran en ondas esféricas.[2]

     Por la fecha de escritura de las “adiciones a la teoría de la luz” (posterior a febrero de 1883 pero no después de 1885) es posible colegir que Márquez habla del paso del Cometa de 1882. Dicho meteoro estelar pertenece a un grupo de cometas denominados “los rasantes del Sol Kreutz”, que tienen la característica de que su órbita los lleva en cierto momento a pasar muy cerca del Sol, se cree que el de 1882 es de los fragmentos del gran cometa que observó a simple vista Aristóteles, en el año 371 A.C.



   En los primeros días de septiembre de 1882 el Cometa comenzó a ser observado, incluso fotografiado como vemos en la imagen tomada por David Gill desde Sudáfrica. Se afirma que fue aumentando tanto su brillo que, después de unos días, ya fue posible observarlo de manera sorprendente en el cielo diurno. Márquez fascinado por dicho acontecimiento, nos dejó testimonio de ello, de un sudcaliforniano observando y haciendo anotaciones científicas sobre el paso de un cometa en Estados Unidos. Durante el mes de octubre de ese año el cometa se fragmentó en dos partes, y luego en cuatro partes, estas partes separándose del núcleo del meteoro hacían que la luz que arrojaba hacia la Tierra se extendiera de manera caprichosa en un haz de luz no a la manera de la cola tradicional, sino haciendo enorme el espectro de luz en un espacio mucho más alargado, por eso Márquez estaba extasiado siguiendo “la inmensa esfera gaseosa” que  pesar de parecer tener esa forma la luz “no se extendía en formas esféricas”.


    “Pocas noches después hacía otras observaciones…se dibujaba en el vapor un cometa tan perfecto, con su núcleo y su larga cola.”[3] Así continuó Márquez en los siguientes días haciendo observaciones de la luz y del cometa en diferentes posiciones y lugares, utilizaba para sus propósitos las lámparas públicas, la espesa niebla de San Francisco, en fin, cualquier herramienta que le fuera útil a sus observaciones astronómicas. Al otro lado del mundo, en Ciudad del Cabo, el británico David Gill fotógrafo del cometa, se regocijaba en la apreciación del fenómeno, diciendo que “es un objeto indefinido de gloria dorada…de una belleza tal que no lo puedo describir”.[4]


   El cometa también fue visto en Australia, Nueva Zelanda, Guinea, Argentina, Brasil, Francia, España, un sinfín de lugares, y Márquez al unísono del asombro mundial coincidía en los comentarios por el meteoro que afirmaba “prestaba singular belleza a la bóveda celeste”. Quizá estas apreciadas observaciones dieron un momento de felicidad enorme, de alimento intelectual al General Márquez de León, lo cual de seguro le hacía olvidar el duro destierro al que se le había sujetado; en esos instantes de observación y entrega a la ciencia los dolores de las batallas pasadas se minimizaban, más importante era dejar una constancia y, así, legarnos a sus compatriotas, las maravillas de la naturaleza descritas en una obra. El cometa de 1882 se quebró en muchos pedazos que quién sabe cuando vuelvan por estos rumbos del Universo. El legado de Márquez sigue íntegro, sólido, presente en cada momento de nuestra historia, así es precisamente como lo humano, muchas veces, trasciende su propia naturaleza.







[1] Manuel Márquez de León, En mis ratos de soledad. Pensamientos filosóficos, Gobierno del Estado de Baja California Sur/CONACULTA, México, 2014, pág. 147.
[2] En mis ratos…op. Cit., pág. 160.
[3] Idem.
[4] http://www.planetas-planetas.com/COMETAS.htm (Visitado el 12 marzo de 2016)

martes, 23 de febrero de 2016

XCI ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL PROFESOR NÉSTOR AGÚNDEZ MARTÍNEZ


SEMBLANZA DEL PROFR. NÉSTOR AGÚNDEZ MARTÍNEZ

    Nació en el Pueblo Mágico de Todos Santos el 25 de febrero de 1925. Estudió en la Escuela Normal Superior de Nayarit. Fue subdirector y maestro de la Escuela Secundaria de Todos Santos, y colaborador de diversas publicaciones culturales.

    Durante 17 años, Néstor Agúndez fue profesor de primaria. En 1960, pasó a prestar sus servicios a la escuela secundaria “Educadores de Baja California”, de la que fundador, junto con otros maestros, en la que fue subdirector donde impartió lengua y literatura española, dibujo técnico, danza, civismo, geografía, historia y modelado. Formó asimismo un grupo de teatro y un grupo de danza, y creó el taller de artesanías y pintura al óleo.

     Néstor Agúndez, también se desempeñó como actor, declamador, compositor, director de teatro, maestro de danza y coreógrafo. Entre sus obras publicadas destacan: Voces del tiempo, (1970), Huellas de nuestro tiempo (1977) y Sobre la piel del arroyo (1983), entre otras.

    Una de sus más grandes satisfacciones la recibió con la construcción del Centro Cultural Siglo XXI, institución que lleva su nombre y de la cual fue director los últimos 30 años de su vida.  La institución la gestionó ante el licenciado Ángel César Mendoza Arámburo y fue conocida como la Casa de la Cultura en 1976, hasta 1996 que cambia de nombre transformándose en “EL CENTRO CULTURAL SIGLO XXI”, la que el profesor Néstor considera su máxima realización. Asimismo, integró y dirigió el Comité contra la Desnutrición Infantil, ahora DIF. Dentro de las actividades artísticas y culturales, el profesor Néstor Agúndez Martínez se propuso desde que se inició como maestro en 1943, laborar voluntariamente como promotor y defensor de la cultura.

    Preparaba programas artísticos con los niños de las escuelas donde laboraba y los presentaba periódicamente en el teatro Manuel Márquez de León deleitando a los habitantes de su pueblo. Posteriormente pasó a laborar a la Escuela Secundaria “Educadores de Baja California”, donde tuvo mejores oportunidades para realizar labor artística y cultural y organizar un club de teatro y danza que él mismo escribió, montó y dirigió por muchos años sobresaliendo entre los plástico-literario musicales: “Homenaje a las madres del mundo”, la vida activa de nuestra escuela, homenaje a la canción mexicana popular, homenaje al maestro mexicano, homenaje a la bandera nacional, homenaje al soldado mexicano, homenaje a la niñez y juventud de México.

    Cuando laboró en la Ciudad de La Paz de 1944 a 1945, pro las tardes asistía a la escuela de teatro que dirigía el maestro Hernán Zandozeki, donde junto con la maestra Gloria Carballo, preparaban programas masivos lo que presentaban los sábados en la Cancha del Cuartel Militar, dedicadas a dar funciones a las familias de los soldados. También llevaban esas presentaciones a las familias de los barrios de la ciudad.

    Fue un elemento fundamental en la educación de muchos de los residentes de Todos Santos. Promovió la creación del Centro de Salud, del Auditorio Municipal, fundó la Casa del Estudiante y participó de manera fehaciente en la construcción del Teatro Gral. Manuel Márquez de León.

    A lo largo de su vida se hizo acreedor a un sinfín de premios y reconocimientos como la medalla “Rosaura Zapata”, galardón que le fue entregado en Sudcalifornia, pero renunció a él para que le fuera entregado a la maestra Columba Salgado Pedrín, como un homenaje de admiración y agradecimiento.

    Del gobierno federal recibió dos medallas: la “Maestro Rafael Ramírez” y la “Ignacio Manuel Altamirano”, además la Orden Brasilera Dos Poetas da Literatura de Cordel, le otorgó un reconocimiento por sus servicios prestados a la Clase Trovadoresca”, en el año de 1983. Asimismo, le entregaron otros muchos reconocimientos, tanto en México, como del extranjero.

    Néstor Agúndez murió en su mismo pueblo el 26 de marzo del año 2009.

   FUENTES:
   Texto tomado de: http://www.cultura.gob.mx/estados/mar09/30_bajas01.html y del Blog de la Sra. Manuelita Lizárraga http://www.lapazqueseperdio.blogspot.mx
   Foto tomada de: http://www.elem.mx/autor/datos/1356




domingo, 14 de febrero de 2016

DISCURSO 46 ANIVERSARIO LUCTUOSO DE DON PABLO LEOCADIO MARTÍNEZ MÁRQUEZ

Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, La Paz, Baja California Sur, 09 de Enero de 2016.

XLVI ANIVERSARIO LUCTUOSO DE DON PABLO LEOCADIO MARTÍNEZ MÁRQUEZ




      Buenos días estimados miembros del presídium

    Buenos días estimados miembros de los diversos órdenes de gobierno, profesores, estudiantes, trabajadores,

     Aunque nuestra vanidosa individualidad siempre trate de refutarlo, los seres humanos estamos hechos de pasado y también estamos hechos de futuro, eso se llama Historia y es una tarea inmensa que sólo el humano es el único ser vivo que puede realizarla durante el espacio de su existencia.

   Pertenecemos, en cuerpo y alma, a una serie de acontecimientos caóticos muchas veces, entrecruzados por luces y sombras que se sobrepusieron para prefijarnos un lenguaje, un modo de ser, un carácter, incluso dictándonos la forma en que debemos movernos algunas veces. Este pasado preformativo, rico en acontecimientos y enseñanzas, nosotros, desde la arrogancia de nuestro presente, muchas veces queremos ignorarlo, esconderlo, achicarlo de nuestro recuerdo, aunque lo más que lleguemos a poder hacer por minimizarlo es congelarlo, esto es pues, que el pasado buscamos reducirlo en nuestra mente a una fotografía de hechos acaecidos, los cuales sostenemos con cierto aire de desprecio, “una tragedia” pensamos, mientras tratamos de nulificar el recuerdo; nos entretenemos más con el futuro sin duda, pues éste en cambio lo sentimos más a nuestro alcance, lo vemos como una masa difusa de posibilidades pero, con la notable diferencia de que ahí si podemos meter mano, y entonces lo vamos detallando, y pensamos en lo gloriosa y potente de nuestra capacidad por poder inventar y reinventar mil veces, a nuestro ver cada vez de mejor manera, el futuro que deseamos.

   Pero la realidad siempre es más rica que cien mil abstracciones, y el futuro de repente llega, desdeñando nuestros planes, desechando nuestras pretensiones, burlándose de lo que nuestra imaginación hubiera podido si acaso soñar con que sucedería. Es en ese momento, cuando nos encontramos en esa roca de cruda realidad, de deseos vaciados, de esperanzas perdidas y de sueños truncados, con una luz de reflexión entendemos que esa masa de tiempo que se adviene con el futuro, tan inmenso e incalculable, sería absolutamente insoportable sin una historia; que ante la tormenta del futuro, siempre es bueno contar con el refugio del pasado; de que ante el azar de lo venidero siempre es posible echar mano de la brújula de la experiencia, quizá nos enfrentemos a retos verdaderamente inconmesurables, pero una brújula siempre señalará un norte al cual aferrarse.

   Déjenme decirles que yo, desde muy pequeño tengo una brújula que conservo con mucho respeto, se llama “Historia de la Baja California” y la escribió don Pablo Leocadio Martínez Márquez hace ya unos 60 años, en 1956, pero esa es la fecha de la primera edición, porque lo cierto es que Don Pablo comenzó a escribirla, pensarla y prefigurarla desde unos veintitantos años antes de esa fecha. Para mí es una fuente de orgullo y fundamento de identidad como sudcaliforniano, la he leído y releído como unas cuatro veces, tampoco son tantas, pero cada vez con la misma voracidad y la urgente necesidad de consultar los hechos de nuestra historia. Don Pablo nos hizo toparnos con esa historia, y quizá logró algo aún más maravilloso e imposible con nuestra historia: nos hizo que amaramos nuestro pasado. Y amar es un anhelo, como decía San Agustín al momento de explicarse la idea del amor: “el amor es un tipo de anhelo, es anhelar algo por sí mismo”. Y la palabra en latin que identifica al anhelo es la que se conoce como appetitus, la cual a rajatabla podemos traducir como pasión o deseo, pero para San Agustín significa que es un “deseo de poseer un bien” y el rasgo distintivo del bien deseado es que no lo tenemos. Pero cuando ya lo tenemos, cuando ya poseemos ese bien y el deseo cesa, entra el siguiente momento, el cual es el de la posesión: el anhelo como voluntad de tener y de conservar da paso a un temor a perder. El amor es pues, un círculo virtuoso. Don Pablo nos entregó nuestra historia, tenemos lo anhelado, el deseo cesa, y el temor a perder nos orilla a conservar.


   Hablo del amor porque es la fuente y el motor de la magnífica obra de Don Pablo L. Martínez, su amor y deseo de servir a la tierra que lo vio nacer, son los que han movido su voluntad, su esfuerzo, su tesón y su pasión a forjar una obra digna de ser contada, digna de ser amada, y eso a pesar de que, como él mismo menciona, nuestra historia no es un “desfile de sucesos brillantes”, más bien está forjada en la lucha del hombre con el medio geográfico, al sobreponerse de los californianos a las pobrísimas condiciones que ofrece la geografía peninsular.

   Y es tal la pasión por la obra y la memoria de Don Pablo, que es preciso hablar de las críticas a su trabajo, porque cuando se trata de amar se ama completamente, los defectos y virtudes, y los defectos que se le encuentran al trabajo histórico de don Pablo buscan minimizar su magnífico trabajo, se le critica su “falta de originalidad” y ambición de abarcarlo todo. A la primera crítica me referiré con una cita que él mismo hace en su obra y dice “mi relato no es más que una sistematización del material que ha llegado hasta nosotros. No hay pues, creación alguna; sólo una fiel representación”. A la posibilidad de abarcarlo todo simplemente habría que entenderse que Don Pablo era precisamente lo que buscaba, sistematizar la historia peninsular en un relato extenso y riguroso el cual, a su juicio, no había sido ordenado aún. Y lo logró tan bien que, incluso hoy en día, sería difícil vera un historiador profesional, con todo el apoyo académico y económico de una institución educativa, poder escribir una historia de un período de tiempo tan extenso.

    Creo, que la gran enseñanza de Don Pablo L. Martínez, es que la historia no es aquella cosa definida a la cual podamos volver repetitivamente y enseñorearnos de que la hemos comprendido plenamente, con tal exactitud que seamos incapaces de entenderla de otra manera; la comprensión pasa por la revisión, la cual es una infatigable e inacabable tarea en la que algunos hombres pueden ocupar sus mejores empeños. Justo como Don Pablo, quien nunca claudicó en su trabajo de escudriñar el pasado californiano, enseñándonos que, debajo de la costra histórica con la que intentamos petrificar el recuerdo, yace un fluir interminable de experiencias soslayadas, de aventuras por contar, de amor por la patria y lo que se hace por ella.

    Pero, no por el temor a un futuro que es incierto seremos incapaces de disfrutar, ni privaremos a cada momento de su serenidad, de su intrínseca relevancia. Mal se paga a un maestro permaneciendo siempre discípulo, por eso hoy cabe reiterarse la pregunta, ¿quién es Don Pablo? ¿Qué le mostró a este joven pueblo? ¿Qué herencia nos ha legado su obra y su esfuerzo? Imaginemos esta historia, nuestra historia sudcaliforniana, desde la bondad de esta privilegiada mirada vivencial, con los ojos de quien busca en su pasado los instrumentos para construir el futuro, con la seguridad de quien no olvida las enseñanzas de los hombres que, con las letras necesarias, han hecho florecer este desierto amurallado de océanos. Uno de ellos no olvidemos yace también aquí, es nuestro orgullo, y es Don Pablo L. Martínez el gran ejemplo.


Muchas gracias.