jueves, 7 de julio de 2016

EL ESPANTAPÁJAROS DE SUDCALIFORNIA QUE LLEGÓ A SER MAGISTRADO DE LA SUPREMA CORTE

EL ESPANTAPÁJAROS DE SUDCALIFORNIA QUE LLEGÓ A SER MAGISTRADO DE LA SUPREMA CORTE

Por Luis Domínguez Bareño
Cronista Municipal de La Paz 

Con afecto para los muchachos del Grupo Sudcaliforniano de Rescate Histórico (Carlos Verdugo, José Luis Perpuly, Simón Mendoza, Eligio Moisés, Fili Cota, Javier Gaitán, Antonio Manríquez, Gilberto Amador y el Dr. Roberto Castro).

El bajo-californio, un noviciado
Pasa en la capital, y es el siguiente:
Juzga que en cada coche va enjaulado
Un obispo, un ministro, un presidente;
Y a puro saludar anda doblado.
Cambiase en personaje de repente;
¿Por qué ese cambio? Porque día y noche
Puede alquilar en el hotel un coche.
Mira a los de Sonora. Tienen llena
De harina cada bolsa. Es su pinole;
Su desayuno, su comida y cena;
Su agua fresca, tortilla, pan y atole.
A veces comen carne, pero ajena;
Les gusta asada; y, para boda, en mole.
Más ilustrados son en Sinaloa;
Suelen comer la carne en barbacoa
.
Tipos provinciales, fragmentos de un poema.
Ignacio Ramírez



    Son muchos los indicios, pistas, testimonios, recuerdos y relatos que circulan sobre la presencia del gran pensador, político, poeta, jurisconsulto y escritor mexicano Ignacio Ramírez en la Baja California. En las pesquisas que hemos realizado, nos encontramos con dos fechas diferentes de la presencia del llamado Nigromante en la Baja California, la primera nos llega como una forma de anécdota de su presencia en Mulegé y La Paz por el año de 1857, donde trataba de pasar de incógnito; la segunda, más sólida y documentada, se trata de su viaje por Mazatlán, Guaymas, Hermosillo, Ures y gran parte de las costas del Golfo durante los años de 1863 a 1865, además de un viaje por la costa occidental bajacaliforniana para llegar a San Francisco. De esta presencia el propio Ramírez nos cuenta su experiencia en las “Cartas a Fidel” contenidas en el tomo I de sus obras, editadas en 1889 por la Secretaría de Fomento.

   Transcribo la anécdota de 1857 que cuenta Víctor Flores Ojeda:

   “En el México convulso que precedió a la Reforma, Ignacio Ramírez, “el Nigromante”, tomó partido por la tierra y el hombre mexicanos, encarcelado por Santa Anna y condenado a muerte por Mejía (orden que no se ejecutó), arribó a Mulegé por el año de 1857. Su llegada pasó inadvertida y pidió trabajo al terrateniente Macario García, quien le dio el empleo de espantar cuervos para evitar que se comieran las cosechas.

    Ignacio Ramírez, ministro de la Suprema Corte de Justicia en el gobierno de Benito Juárez García, el mismo cargo que ocupó con el presidente Porfirio Díaz, fundador de la Biblioteca Nacional, reconocido como un gran poeta clásico y por el radicalismo de sus ideas, fue conocido en Mulegé con el mote de “El Cuervero”, por el trabajo que desempeñaba.

    Se cuenta que la identidad de “El Cuervero” fue descubierta al hacerle a don Macario García un escrito para aclarar el deslinde de sus propiedades. Para celebrar la independencia de México se reunieron en la plaza pública autoridades y pueblo un 15 de septiembre, y alguno s delos que estaban reunidos empezaron a gritar “que hable don Ignacio, que hable don Ignacio”. El aludido subió al estrado y dijo:

Muleginos, femeninos
falaces, inicuos y anacoretas
que por andar vociferando
los enseres de la patria,
las aceitunas bajan de precio
y los dátiles se están perdiendo

    Por las duras palabras del conocido escritor, y porque su barba era muy parecida a la del ganado caprino, uno de los presentes dijo “beeee”, por lo que de inmediato “el Nigromante” añadió: “…y ése que me hizo como chivo, que vaya y…”

    También se le acreditan a don Ignacio Ramírez los siguientes versos, escritos mientras estaba en la cárcel de La Paz, acusado de vagancia:

Cuando un mastín forastero
pasa por esta ciudad,
canes de la vecindad
salen a olerle el trasero.
El mastín, hosco y mohíno,
al mirarlos babean, voltea,
alza la pata, los mea
y prosigue su camino.

    Estos versos nunca han herido la fina sensibilidad de los sudcalifornianos, gente sencilla y noble, conocedora de la condición humana, que comprendieron con grandeza de espíritu a ese ser que llegó a Mulegé, perseguido y con una sentencia de muerte sobre su cabeza.

     Estando ya en la Ciudad de México, Ramírez escribió una carta a don Macario García en la que le daba las gracias por su hospitalidad y por la protección que le había brindado, invitándolo a ir a la capital, donde iba a ser atendido. Al final de la misiva, agregó esta frase, con cierta noble y jocosa intención: “y no crea que me olvido de que todas las noches, cuando ya me iba a dormir, usted me prestaba un cuerito…de chiva.”


    El asunto de 1865 va de la siguiente manera:

    Las cartas que envía Ignacio Ramírez van dirigidas a “Fidel”, y así han sido conocidas a través del tiempo, como “cartas a Fidel”; la identidad real de dicho destinatario es Guillermo Prieto, otro gran pensador y hombre de letras mexicano, amigo íntimo y colaborador de muchos años de Ramírez desde los tiempos en que ambos comenzaron a editar algunos periódicos satíricos en la década de los 40´s del siglo XIX. La primera de las cartas la envía desde Mazatlán en agosto de 1863, en ella Ramírez se burla de su propia huída, comparándola con la que han hecho el Presidente Juárez y su gabinete, es bastante crítico con la decisión de abandonar la capital del país pues la escasa tropa es innecesariamente fatigada y desbandada en vez de presentar cara al enemigo, se presentan las enfermedades, la desmoralización, el desconcierto, el desvelo, el hambre y, para rematar, desconfianza. Curiosamente hubo otro personaje, muy famoso entre los sudcalifornianos, que coincidía con este punto de vista de Ramírez: el general Manuel Márquez de León insistió al presidente Juárez la necesidad de abandonar el sitio de Puebla pues estaba perdida, mejor resultado daría preparar todo para dar batalla en la Ciudad de México, le presenta las conveniencias físicas y militares de aguardar ahí a los franceses. Juárez no creyó en Márquez, “Puebla resiste heroicamente” fueron sus palabras tajantes, y manda a Márquez a Sinaloa para que se haga cargo del gobierno.

    De México a  Toluca, de ahí a Querétaro, de Querétaro a San Luis, de ahí a Durango, Ramírez relata  que su marcha es una “romería de gitanos”, más por el desorden por la diversidad de su grupo y la apariencia que dan al ir recorriendo el país hacia el norte: van empleados de Hacienda y un puñado de soldados que “por alguna causa legítima dejaban la brigada de Sinaloa”.

    Al terminar de cruzar la Sierra Madre Occidental sobre Durango, de repente “nos faltó la tierra” afirma Ramírez. El monte se hunde en profundísimos abismos, las nubes se ven bajo sus pies y bajo de ellas se aprecian riachuelos y pueblecitos, en lontananza el mar se funde con el cielo. “Descendimos a la Tierracaliente. Este Mazatlán es un horno; y mientras el invierno no lo refresque; no continuaré mi correspondencia”.

     Y el Nigromante cumple su promesa de clausura epistolar por el calor, pues será hasta noviembre de ese año del ´63 en que envía la siguiente carta. Afirma estar en un barco listo para zarpar a la Alta California, San Francisco es su destino. Mientras pasa horas en la nave sin salir de puerto comienza a hacer una descripción de cómo observa el puerto de Mazatlán desde el mar, y al final remata “todo el mundo pesca; y sólo yo me ocupo de la bella literatura”. El “negocio” que trae Ramírez para viajar a los Estados Unidos no lo menciona, seguramente Prieto conocía a la perfección la misión que tenía encargada directamente por el supremo gobierno su amigo y, como estas eran unas simples cartas escritas bajo el clima de una invasión extranjera, no tenía ningún sentido dar a conocer los pormenores de la misión encomendada en ellas, pues se corría el peligro de que la información cayera en manos del enemigo. Cuando la nave por fin emprende el viaje, hace este curioso comentario “el puerto de Mazatlán será magnífico cuando se fundan en una las cinco o seis colonias que dividen la ciudad, y en vez de alemanes, franceses, yankes, españoles, tepiqueños, durangueños, paceños, sonorenses, culiches, etc., no haya más que mazatlecas; cuando en lugar de contrabando, tengamos comercio…”.

   La siguiente carta la manda desde San Francisco el 1º. De enero de 1864, en ella hace un recuento del viaje y escribe algo sobre la península de California: “saludemos la península califórnica que ha sido objeto de tantas especulaciones y de tantas empresas; en ella con trabajo la planta, el animal y el hombre encuentran un riachuelo donde abrir una flor, donde colocar un nido, donde formar una choza; sus puntas peñascosas son las cumbres de unos Andes sumergidos en las revueltas olas de un diluvio; parece que el mar acaba de bañarla y de apagar sus volcanes, y que amenaza devorarla para siempre: embrión ó esqueleto, el buitre de la codicia no lo ha perdonado”.

    En la carta de febrero de 1864, el Nigromante ya se encuentra de nuevo en Mazatlán, se lee profundamente decepcionado informando a Prieto que ha sabido de la nueva fuga de don Benito, esto es al trasladar el gobierno de San Luis Potosí a Monterrey, señala “me he convencido de que ya no tenemos gobierno nacional” señala. Pero sigue con la moral alta, cree que es hora que los caudillos hagan su aparición, se fija en la figura de Antonio Rosales a quien conoció en Durango, afirma que es el único con las agallas necesarias de plantarle cara a los franceses en la Tierracaliente, antes de que se apoderen de lo que queda de la República, “¿Te acuerdas de aquel Rosales que te he recomendado desde Durango? Se presentó en San Luis al Gobierno (de Don Benito) ofreciendo su espada, pidiendo ser incorporado en las primeras fuerzas que marchasen contra los franceses. Le preguntaron si era Dobladista, Fuentista, Lerdista. Él contestó que deseaba ser el primero que se dirigiese contra el enemigo.” Como el gobierno ya iba en sentido contrario a enfrentar al invasor, es decir hacia la frontera, no pudieron ocuparlo, y todavía lo consideraban políticamente sospechoso, por lo cual tuvo que marchar Rosales hacia San Francisco. “el héroe” de Ramírez estaba fuera de acción, se lamenta de la politiquería y las envidias que suceden con los liberales mexicanos que, por andar preocupados en andarse molestando entre ellos, condenaban y hacían a un lado a ciudadanos verdaderamente valiosos para la causa de la república, algo que seguimos viendo muy frecuentemente en nuestro país, hay cosas que nunca cambian.

    “A mí me sucede lo mismo que a Don Benito: el tropel de los acontecimientos me arrastra por su camino. Este puerto está bloqueado desde febrero” escribía Ramírez en marzo de 1864 ya un poco incierto, desamparado, desubicado y sin mucho ánimo. Plácido Vega que entraba y salía del Gobierno de Sinaloa, fue mandando por Juárez a San Francisco con medio millón de pesos para regresar con armas y municiones, Mazatlán sería fortificado para no caer en manos de los franceses. Desde entonces el buque de guerra francés Cordeliére se instaló frente a Mazatlán bloqueando el comercio y amagando a la ciudad, hubo algunos enfrentamientos donde se presentó batalla del lado del puerto, aunque los franceses dispararon varias bombas contra zonas estratégicas. Al final de la semana santa llegaron dos vapores de guerra, uno inglés y otro norteamericano, no intervinieron pero su sola presencia fue suficiente para la Cordeliére emprendiera la retirada.

  De mayo a noviembre hay solo algunas escaramuzas, los franceses registran todo barco que se acerca al puerto y su interés va enfocado en que no entre armamento a México, las naves que llegan de San Francisco no se lo declaran, pero nomás tocan puerto y empiezan a bajar gran cantidad de armas. Continúan los conflictos internos, Ramón Corona da tumbos entre Nayarit y Jalisco con su tropa y tiene sus recelos con Rosales, Plácido Vega y su gente enemistados con Corona y con Rosales, en fin, es muy difícil la situación interna donde los liberales no logran ponerse de acuerdo entre ellos. Ya la mitad de Sinaloa ha caído a manos del Imperio, no llega más armamento y los enfrentamientos se dan con más frecuencia, el bandido Lozada, como aliado de los franceses, se dirige al puerto con un gran ejército, parece todo perdido en Mazatlán.

       “Te escribo estos apuntamientos en un buque de cuyo nombre no quiero acordarme” ironiza Ramírez sintiéndose desalentado al huir de Mazatlán. Esta es la carta anterior a la de Mulegé, la fecha en noviembre de 1864 en “Golfo de California”, en ella hace mención que navegan hacia el norte y que en próximos días estará comiendo en La Paz, cosa de la cual dice tener gran regocijo pues ya empiezan a padecer de hambre. Su llegada a La Paz debió ser en esa misma fecha de noviembre del ´64, aunque no manda carta alguna desde este puerto, aunque es posible que la carta firmada en el Golfo de California fuera enviada desde el establecimiento postal de la Paz. Después de la carta de Mulegé de febrero de 1865, Ramírez embarca para Guaymas, va temiendo encontrarse con los franceses que ya dominan Mazatlán y avanzan hacia el alto Golfo.

      La carta de Mulegé, es íntegramente la siguiente:






     Haber desalojado Mazatlán en esa ocasión fue un gran acierto del Nigromante, los franceses desesperados por no poder tomar la Tierra caliente, a causa más de los mosquitos y la fiebre amarilla que de los aciertos militares de los liberales sinaloenses, empezaron a practicar el salvajismo y la barbarie en Sinaloa, donde hasta el día de hoy, no son muy bien recordados por esas acciones; viene al caso leer unas notas de cruda realidad de lo que se vivió en ese momento, son del excelente y recomendabilísimo libro "Yo, el francés: la Intervención en primera persona", escrito después del acceso que tuvo el autor, Jean Meyer, a los archivos del Ejército francés que combatió en México durante esa época:

     "Hasta 1863, 1864, incluso durante la primera mitad de 1865, la guerra se llevaba sin animosidad y la lucha seguía cortés" observaba el general Dubarrail, con la sola excepción de dos regiones de tierra caliente, la de Mazatlán-Culiacán y la de Tampico-Matamoros, en las cuales se enfrentaban adversarios terribles: el general Ramón Corona contra el general Castagny por un lado, el general Méndez contra el general Du Pin, "el diablo rojo", "el carnicero" por el otro. Todo cambió con los decretos terroristas de finales de 1865.

      El 3 de octubre de 1865 Maximiliano firmó un decreto, que justificaba la salida de Juárez del territorio nacional, en donde consideraba que "sólo mantienen el desorden algunos jefes descarriados por pasiones que no son patrióticas...y la soldadesca sin freno, gavilla de criminales y bandoleros. Cesa ya la indulgencia". El decreto disponía que todo individuo que hubiese pertenecido a una partida armada sería juzgado por un consejo de guerra, condenado a muerte y ejecutado a las 24 horas de pronunciada la sentencia.

     Existe en los archivos franceses una "circular confidencial No. 2729" de Bazaine a sus oficiales generales y superiores que agrava por mucho el decreto imperial: "los invito a manifestar a sus tropas que no admito que se tomen prisioneros. Todo individuo, fuese quien fuese, tomado en armas será ejecutado. De ahora en adelante no habrá más canje de presos, es una guerra a muerte, una lucha a ultranza entre la barbarie y la civilización, que empieza hoy. Por ambos lados hay que matar o hacerse matar".

     Michel Ney, oficial de la contraguerrilla, escribía a su familia: "es la guerra del león contra la mosca, guerra que cansa, que enardece. Los soldados se portan como verdaderos salvajes, fusilan, rematan a los heridos".

      El 2 de febrero de 1865 Castagny ordenó la devastación de todo el territorio entre el río Mazatlán y el río del Rosario. El joven teniente de Montfort, quien había participado en el segundo combate de Durango, escribió a los suyos que en quince días habían quemado 30 pueblos y rancherías "fue una barbaridad por desgracia necesaria... un gran número de hombres fueron ejecutados sin piedad".

      El 9 de febrero, desde Mazatlán, el oficial de administración Piarron de Mondésir escribe a su amigo Henri Groult "¿sabes cómo les dicen los mexicanos a nuestros Chasseurs d'Afrique? Los carniceros azules."

      El capitan Jules Bochet, en carta del 15 de enero de 1865, desde Mazatlán, confirma que "acostumbramos a fusilar a todos los que tomamos con las armas en la mano. Es una guerra sin tregua ni perdón." El teniente A. Chateau apunta en su diario, entre dos bocetos, que antes de llegar a Mazatlán, Castagny, apodado Alejandro, mandó quemar San Sebastián para vengar la derrota en Durango. "Todo el país fue quemado, saqueado, fusilado. Pusimos los hombres válidos en una fila, ordenamos salir al primero, al quinto, al décimo al azar. Fusilados. De esa excursión nuestros hombres regresaron cargados de onzas y de pesos que "encontraron" en las casas saqueadas; se acostumbraron a tener dinero, lo que normalmente en el ejército pocas veces hacen. En cuanto a los oficiales, hombres de más corazón, no han podido ver sin sufrir mucho esas escenas horribles, se resintió nuestro ánimo, hasta la razón de algunos. Lambert y Bérard enloquecieron".

    Cuando los franceses se acercan a Guaymas la ciudad se encuentra en estado de sitio y reclutando soldados de todas partes del estado para hacerles frente, sale Ramírez para Hermosillo y rápidamente se traslada a Ures, que en ese tiempo era la capital de Sonora, ahí se mantiene escribiendo en algunos periódicos y alentando a las fuerzas nacionales a luchar contra la invasión francesa. Ramírez narra su descontento con los jefes impuestos por Juárez en Sinaloa pues han sido vencidos por el enemigo, los únicos que presentan férrea resistencia son Antonio Rosales en Mazatlán y Patoni en El Fuerte,  jefes que son despreciados y encuentran mil y una trabas para poder ejecutar la resistencia. En el mismo mes de febrero de ese año de 1865, Ramírez escribe desde Hermosillo algunas apreciaciones sobre el Golfo de California, habla de toda la costa desde Mazatlán al Río Colorado, de cómo da vuelta la tierra hacia Baja California para encontrarse con Mulegé, Isla del Carmen, la bahía de La Paz y después “Cabo Palmo” (Cabo Pulmo), menciona que Sonora y la península californiana son el país de los cactus y sin embargo dice que no es la naturaleza, sino el hombre lo que le preocupa. Se muestra contrariado por la escasa población existente en la cuenca del Golfo y la poca o nula actividad naviera de la zona, la pesca no se encuentra extendida más allá de la ribereña y menciona que la vida va en rápida decadencia, ¿la causa? Según Ramírez son dos: la frugalidad y la falta de poesía.

   La frugalidad la representan la carne de res, las tortillas de harina y el pinole, según lo plasmado el “golfeño” desconoce los grandes manjares de las naciones más civilizadas y, las muchachas más elegantes pueden ser vistas por ahí, entre los corrales, destajando algún pedazo de carne sin ninguna impudicia. Hace falta pues también la vida en la mesa, concluye Ramírez.

    Sobre la poesía se sorprende que siendo los habitantes del Golfo Californiano de tan alta imaginación, no posean cantos ni poesías que engalanen los bellos parajes que la naturaleza les dio, siendo un pueblo que ha enfrentado batallas heroicas, acometiendo hazañas orgullosas, de sus labios no ha salido inspiración alguna: ¡Pobre Golfo sin mesa y sin lira!

    Por supuesto que esta ironía de Ramírez es por el pesar de alejarse de la costa, a comer “harina y pinole” tierra sonorense adentro. Si ya había dejado testimonio de su glotonería en el Golfo, es dudoso que no considerara un manjar la dieta que se despachaba en las costas del mar californiano: “mi amor a las ostras me está comprometiendo al estudio de conchas y caracoles; los mejores ostiones del mundo se pescan en Guaymas; además, el mar te presenta golosinas hasta en los peñascos que baña en lo más alto de su oleaje”. Y de la gran inspiración que le producía la afanosa costumbre que tuvo de beber vino bajacaliforniano mientras se dormía con un cuerito de chiva, ni hablar.

Fuentes:

 Ramírez Ignacio, Obras. Tomo I. Poesías, discursos, artículos históricos y literarios, México, Oficina Tip. de la Secretaría de Fomento, 1889. ( la obra puede ser descargada en Cervantes virtual

Flores Ortega Víctor, Central Baja (municipio de Mulegé), edición del autor, 1989.

Márquez de León Manuel, Juárez a la luz de la verdad, 2ª. De S. Lorenzo, 1885.



Meyer Jean, Yo el francés. La intervención en primera persona, Tusquets editores, México, 2002. 

domingo, 26 de junio de 2016

EL VIEJO PANTEÓN DE TODOS SANTOS

  EL VIEJO PANTEÓN DE TODOS SANTOS 

Por Luis Domínguez Bareño
Cronista Municipal de La Paz 

     Los panteones son un registro histórico muy importante de los pueblos, a contracorriente de la creencia popular de espantos, brujería y apariciones del más allá, son lugares donde se siente una tranquilidad inaudita, la cual no es fácil de percibir en algún otro rincón de los pueblos y ciudades. El viejo panteón de Todos Santos no es la excepción, es un lugar situado en el camino de una brecha escondida, continuación de la calle Rángel, y que conduce al barrio de la Calera, precisamente ese es el nombre con el que se denomina hoy en día a dicho camposanto: "La Calera". Cuando se empieza a remontar una lomita, al pie de la misma, entre una húmeda y zacatosa callecita, se puede percibir la entrada principal del panteón.

   El viejo panteón  de Todos Santos fue construido en 1859, tras la expedición de la ley de secularización de cementerios promulgada por el presidente Benito Juárez, el 31 de julio de 1859 en Veracruz. Esta ley es una de las tantas que promulgó el gobierno juarista y que dieron pie a la llamada guerra de Reforma, esto es porque los sectores conservadores de la sociedad, principalmente el clero, se sentía agraviado por el despojo de las facultades que tradicionalmente había ejercido, una de las cuales es el caso que nos atañe, sobre la disposición y control de los lugares de inhumación de los fallecidos. 

    Obviamente Todos Santos tiene una historia mucho más añeja que esa fecha de creación del panteón "La Calera",  exactamente desde la fundación de la misión de Santa Rosa de Las Palmas de Todos Santos en 1733, por obra del padre Jesuíta italiano Segismundo Taraval, recordemos que la misión de Todos Santos levantada por los jesuítas fue abandonada, por lo que la actual data del siglo XIX y fue erigida por los dominicos, quienes seguramente fueron los encargados de disponer los lugares donde se depositaron los restos de los combatientes todosanteños en 1848, durante la intervención norteamericana; pero esta fecha de 1859, gracias a la mencionada disposición presidencial, sí marca el inicio de la administración civil de los panteones en Todos Santos.

   Este panteón civil sirvió regularmente la segunda mitad del siglo XIX y todo el siglo XX, esto a pesar de que, desde el año de 1885, el entonces presidente municipal de Todos Santos, advertía al Jefe del Territorio de la Baja California sobre la necesidad de la creación de otro panteón pues "La Calera" estaba a tope, al grado que cada vez que se iba a abrir un nuevo sepulcro se desenterraban cadáveres.

    La atención sobre esto llega precisamente en ese año de 1885, cuando la señora Mariana Márquez, vecina del rancho "La Matancita", solicita permiso de establecer un lugar en dicho rancho para dar sepulcro a los de su familia. El presidente municipal de Todos Santos expone el caso al secretario de gobierno para que, dentro de sus facultades, autorice lo conducente, recordándole a la peticionaria el artículo 3o. de la citada ley de 1859, la cual expone que, so pena de ser considerado sospechoso de homicida, ningún particular debe realizar inhumaciones sin solicitar permiso al juez civil.

   Anexo al asunto de doña Mariana, el presidente de Todos Santos expone al Jefe político José María Rángel, la urgente necesidad de clausurar el panteón de La Calera y abrir otro a sotavento del mismo, donde existe un lugar plano y de tierra de muy fácil remoción para la realización de los entierros, además de encontrarse a regular distancia del pueblo.

   Por la continuación de las actividades en el panteón de "La Calera" durante el siglo XX, colegimos que esta solicitud de nuevo panteón en 1885 no fue tomada en cuenta dentro de lo inmediato. El actual panteón de Todos Santos, conocido como "El Espanto", no fue construido sino mucho tiempo después y al occidente, no al oriente del anterior. Mientras tanto en "La Calera" se siguió con la incomodidad de andar removiendo cuerpos con cada nuevo entierro, como lo narran algunos pobladores actuales del pueblo quienes fueron partícipes de esos hechos.


Fuentes:

Archivo Histórico Pablo L. Martínez, Solicitud del Ayuntamiento de Todos Santos para la construcción de un nuevo panteón, Porfiriato/ 31-10-1885/ Doc. 2/ Vol. 195/ Exp. S/N/ Registro Civil.
Fotos: la primera de Google maps, las demás de autoría propia.

Para ver más imágenes del panteón viejo de Todos Santos se puede consultar: Cementerios de México

































jueves, 16 de junio de 2016

TRES FOTOS RELATADAS POR EL PROFR. NESTOR AGÚNDEZ MARTÍNEZ



Fotos y textos del legado de Néstor Agúndez Martínez
Investigación y transcripción de Luis Domínguez Bareño.


   Que mejor lugar para explicar una fotografía que la misma fotografía, donde Nestor Agúndez Martínez, el recordado y bien querido poeta todosanteño, acostumbraba pasar algunas fotografías por el rodillo de la máquina de escribir. A continuación les compartimos tres fotografías que se encuentran en el Centro Cultural de Todos Santos muy bien conservadas con la transcripción del relato, que sobre las mismas, realizó el propio maestro Néstor, ojalá los disfruten como yo lo disfruté y admiré encontrarme con esta aportación del maestro, a 7 años ya de su muerte:



    "La señorita Rebeca Cota Márquez vestida como ella solía hacerlo desde su lejana juventud, vivida a finales del siglo XIX. Ella y sus hermanos Enrique y Catalina, quienes vivieron buena parte del siglo XX, fueron los sobrinos del General Manuel Márquez de León, y éste, cuando se hallaba en Guadalajara, le mandó regalar a su sobrina consentida, la Srita. Rebeca, un piano, y contaban las gentes de su tiempo, que solamente había aprendido a tocar La Marcha de Zacatecas, y todas las tardes, a la hora del té se las tocaba, cuatro o cinco veces.

    Su hermana, la Srita. Catalina, fue muy aficionada a leer novelas rosas del siglo XVIII y XIX, y nunca le interesaron los galanes de su pueblo, porque soñaba con los príncipes azules que aparecían en las novelas románticas y así fue por muchos años, perdiendo la razón poco a poco...hasta que se murió de amor, de un extraño amor y contaban, que una mañana la encontraron como si estuviera dormida abrazada a la novela "la Dama de las Camelias" de Alejandro Dumas...., estaba muerta como una dulce avecilla..., la señorita Catalina se había muerto de amor, seguramente, soñando con Armando Duval, el héroe, el galán, de la novela que se encontraba en su pecho."



    "Las más cautivadoras mujeres de Todos Santos" dice al pie de esta fotografía, donde el autor de la misma se expresa con emoción y romanticismo de la mujer todosanteña, de aquellos felices ayeres, que tan lejos se han quedado. Así solían acudir, vestidos de esta manera, a los paseos al Mar y a las rancherías...., ¡muy elegantes en verdad! Y como se puede apreciar, llevaban conjuntos musicales para amenizar el tiempo y la vida feliz, a la orilla del mar y en el campo. Seguramente que entre estas bellas mujeres deben estar las señoritas Santana Villarino,  las Mac Hathon, Rebeca y Catalina Cota Márquez, Ilustres sobrinas del General Manuel Márquez de León y primas de Clodomiro Cota Márquez; también deben estar las González Dawney,  las Salgado, las Guluarte, y otras bellas jovencitas y también, señores de esos ahora, lejanos tiempos. "


    "Interesante fotografía de principios  del siglo XX, donde se aprecia la generosa presencia de los miembros integrantes del club "Gral. Manuel Márquez de León", que en la década de los años diez, se dedicaban a realizar labor social en bien de la población, organizando campañas de aseo, de reforestacion, participando en eventos cívicos y sociales y también, como aquí se ve,en la celebración de los días nacionales, como aquí, los vemos reunidos, para participar en el desfile del 16 de septiembre de 1910, para celebrar la independencia de México."

martes, 7 de junio de 2016

LA MAREJADA DENTRO DE LA CABEZA DE FERNANDO JORDÁN

LA MAREJADA DENTRO DE LA CABEZA DE FERNANDO JORDÁN

Por Luis Domínguez Bareño
Cronista Municipal de La Paz

Lo que sigue, la aventura misma, no presenta problema ni dificultad alguna.
Es cuestión de navegar, de ir adelante, nada más. De avanzar,
  sea con el viento por la popa o con el viento por la proa.
Es cuestión de llegar o de no llegar. De naufragar o de encallar. De triunfar o de fracasar.
Pero eso, en realidad, no es problema; es simple cuestión de azar.
.
Fernando Jordán

     El 14 de mayo de 1956 Fernando Jordán daba por terminada su navegación en este mundo, como lanzar un ancla fue el apuntar una pistola hacia su cabeza, con ese último acto fondeaba ante toda la mar picada de su imaginación, arribando a la última escala de todo derrotero humano: la muerte.  Fue la misma imaginación embravecida la que lo llevó a emocionarse, a correr, saltar, reír, sufrir, admirar, nadar, volar, pero sobre todo escribir sobre la península que bien supo sobretodo amar durante los casi 8 años de viajes en que la recorrió de punta a punta. Con una narrativa insuperable, supo descubrirle al país ese “Otro México”; su obsesión fue hacerle ver a los compatriotas que, cruzando el Mar Roxo de Cortés, existe este mundo californiano, que es sorprendentemente mexicano pero diferente, no igual al resto del país; para Jordán era una gran cuita pendiente el desconocimiento que se tenía de la Baja California en la República mexicana, mayor era la tragedia cuando percibía que existía más información en inglés que en español sobre la península bajacaliforniana. Se le subió la marea hasta reventar las olas en su inquietud y llenar ese hueco se convirtió para él en su asunto, en su obligación. Se prometió poner manos a la obra para que México conociera, ya en las alturas de la medianía del siglo XX, a su otro yo, su otro México. Entonces había que tratar de llevárselo a presentar a los compatriotas.


     Pero primero Jordán tuvo que hacer el recorrido y vivir la experiencia “otromexicana” en carne propia, pues si no, no hay narración: ese fue el viaje que se publicó bajo el nombre de “El Otro México”, el libro que en vida vio editado Jordán y que tanto renombre y prestigio le dio a su pluma y, en la contra parte, la península bajacaliforniana recibió también lo suyo, poniéndose su belleza en el imaginario nacional, dándose a conocer en nuestra idioma tal como Jordán se lo propuso. Y sin embargo el mayor impacto de las letras de Jordán cimbraron de manera más estrepitosa no en lo internacional, no en lo nacional que era su misión, sino donde él menos esperaba fecundar: en la propia tierra peninsular, donde fue conocido él, y los que le seguían la cura en sus planes y aventuras, como “los locos de la costa”. La obra jordaniana vino a quebrar en dos la historia de las letras californianas y caló hondo en la auto representación que tienen los habitantes de la península sobre sí mismos y su entorno, es como si nos hubieran colocado un espejo enfrente de nosotros, donde pudimos vernos reflejados en todas nuestras virtudes y nuestros defectos; aún hoy en día por estas tierras, leer a Jordán significa encontrarnos a nosotros mismos, entendernos en un espacio geográfico específico que sigue condicionando nuestra forma de ser. Lo queramos o no, también pertenecemos al curado grupo de los “locos de la costa” y del desierto.

    Para recordar estos 60 años de la muerte de Fernando Jordán se me hace preciso el hablar de otro de sus grandes obras sobre nuestra tierra, su “otra obra”, me refiero a “Mar Roxo de Cortés: biografía de un Golfo”; este otro libro de Jordán no vio la luz en vida del autor, pasaron muchos años hasta que, en 1995, fue por fin editado y conocido por el gran público.



     Mar Roxo de Cortés es el complemento marítimo de El Otro México, si la península ya había sido narrada por tierra ahora quedaba el mar como una rica veta donde extraer el mineral precioso de sus historias, de las que ya existen y de las que se puedan construir, en eso Jordán no desesperaba, sabía perfectamente que lo incógnito de la península estaba justificado en esa falta de acercamiento narrativo, que había más potencia que acto en estas tierras misteriosas, entonces era cuestión de echar el bote al agua para emprender el viaje rumbo a la historia escondida, en una suerte de entrevista donde la península se contaría a sí misma su historia a través de la geografía de su costa.

   Jordán planeaba recorrer más de siete mil kilómetros de costa, su salida de La Paz era hacía el norte por la línea marítima de la península  para llegar a la desembocadura del Río Colarado, de ahí pasarían a las costas sonorenses y sinaloenses llegando a Mazatlán, Sinaloa. Para la siguiente etapa pretendía encontrar puerto en Acapulco, de ahí aún quedaría un trecho para finalizar su aventura en Puerto San Benito, en el estado de Chiapas y ya muy cerca de la frontera con Guatemala. Como el recorrido entre Mazatlán y Puerto Vallarta implicaba una llegada a las Islas Marías, Jordán no descartaba poder escurrirse navegando hasta las islas Revillagigedo y recorrerlas, acto seguido regresar al macizo continental vía Manzanillo.

    Muy posiblemente dicho trayecto pudiera haberse cumplido si Jordán optase por realizarlo embarcado en uno de esos yates modernos, espaciosos, cómodos, con potentes motores de gasolina y capacidad de almacenar mucha agua y bastimento.

   Pero Jordán escogió un ridículo y viejo barquito de cuatro metros de largo por uno y medio de ancho, el cual utilizaba una vela para desplazar su raquítica capacidad de carga. Jordán pensaba construir un barco más grande en el astillero de los Abaroa pero por el retraso en la llegada de la madera pedida en el norte tuvo que buscar alternativas. Utilizaba un barquito para entrenar que le rentaba por dos pesos diarios don José Petit, en dicho bote Jordán practicaba sus nuevas artes de navegación yendo desde el Hotel Perla hasta Pichilingue y de vuelta. Un día, desesperado porque no podía comenzar su viaje en las fechas de marzo que amainan los vientos fríos del norte que bajan por el golfo californiano, se le ocurrió que en ese bote de entrenamiento podría realizar su ansiado viaje; así que siguió de largo su recorrido de entrenamiento hasta el varadero y consultando con don José Abaroa le propuso arreglarlo para realizar el viaje. Jordán le dio 600 pesos al capitán Petit por su barquito y le prometió que, si llegaba bien al final del viaje, haría lo imposible por devolvérselo. 

   Acto seguido bautizo su particularísima nave como Urano: nombre del séptimo planeta del sistema solar, padre de los océanos y padre de Poseidón, según menciona Jordán. Pasaba las noches pensando, alucinando en tierra los miedos del próximo enredo de improvisar la profesión de marinero, cavilando cómo sería el asunto aquel de recorrer las aguas, la soledad en las tardes paceñas lo hacían meditar a veces en vano, o a veces escribiendo cosas extrañas, que lo hace confesar cosas tales como que: “Durante los últimos días, casi siempre de madrugada, me saca del sueño un ruido sordo y acompasado: el golpear de la marejada, el empuje rudo del mar contra el costado de mi bote. Abro los ojos, y mientras vuelvo a la realidad, el oleaje sigue abofeteándome el oído, isócrono y pesado. Me digo: Hay mar gruesa y se me ocurre que debo asomarme para dar una ojeada al mar. Pero en cuanto despego la cabeza de la almohada del eco se apaga y todo queda en silencio: el mar y mi cabeza. Y como siento con mis manos el colchón, la almohada y las frazadas, no tardo en darme cuenta de que no estoy a bordo, puesto que en la pequeña litera de mi bote no puede haber colchón, ni almohada ni frazadas. ¿Entonces…? La marejada la tengo dentro de la cabeza. La forman la imaginación, los nervios y las palpitaciones cardiacas.”

   Ya teniendo el bote en reparación y adecuaciones en La Paz, se pasaba al asunto de juntar el equipo y materiales necesarios para emprender el viaje, Jordán pensó que necesitaría doce mil pesos para cubrir ese frente y con esa idea viajó a Ensenada. Aquí el Otro México ayudó bastante, el libro estaba en imprenta para una nueva edición pues se vendía muy bien, entonces Jordán pensó hacer una edición especial, con cubierta de piel y papel fino. Vendiéndolos a cien pesos juntaría una parte del dinero necesario, la otra parte la cubrió Regino Hernández Llergo director de la revista Impacto donde se publicaban las crónicas de los viajes de Jordán. Por fin logra apertrecharse de lo necesario para el viaje: motor, refacciones, libros sobre el Mar Roxo de Cortés, salvavidas, equipo de señales, bolsas, equipo de pesca, rifle, tienda de campaña, sleeping, cantimploras, botellas de whisky (pa´los sustos), cámara y rollos, estufa de petróleo, machete, botiquín, thermos, equipo de meteorología donado por el subsecretario de Marina Alberto J. Pawling, comida, una armónica y Marina, una muñeca que le daba el toque femenino tan ausente y necesario en una aventura de marinos.



  Del otro tripulante aparte de Marina, aún había dudas. Un pintor bohemio gringo que había llegado a La Paz, de nombre Sylvestre Kena, había estado insistente durante meses en ser el otro a bordo en el Urano, pero de último momento se rajó. Por fin un joven ingeniero vendría de la Ciudad de México para convertirse en el tercero a bordo, era José Héctor Salgado  Stapachin, apodado El Pilo. Ya es mayo y por fin está todo listo, sólo faltan los últimos retoques al Urano y Jordán surcará las aguas de la bahía paceña para desentrañarnos su biografía geográfica, o describirnos su geografía biográfica. Aún no parte y Jordán ya se muestra cansado, ha luchado los últimos meses contra la incomprensión y la burla, la falta de cooperación y la escasez de recursos. Lo cierto es que los paceños se mantienen a la expectativa, el mayor apoyo al viaje de algunos fue apostar que Jordán llegaría lejos, la mayoría apostaba que no llegaría ni “al Mechudo”, para otros sería un milagro que alguien que no sea marinero logre siquiera salir de la ensenada paceña. Jordán dejaba atrás toda la hiel y los corajes, su corazón sólo pensaba que “adelante está el mar, en el mar unas islas desconocidas, inéditas…entre el mar y las islas la búsqueda de un ideal, la satisfacción de un viejo anhelo, la realización de una aventura que tiene una finalidad precisa…”

     Y así fue, Jordán y su tripulación (Héctor y Marina) salieron del muelle de pescadores de La Paz a las 10:50 de la mañana del día 16 de mayo de 1951, los Carrillo, los Forcada, doña Celsa Pereda, Nancy Wright y algunos más de sus mejores amigos lo despedían desde tierra, mientras Atilio César “el che” Abente surcaba en su avión el cielo de la ensenada paceña en señal de despedida y deseando buen viaje al amigo. Del libro y las aventuras del viaje no hablaremos, mejor dejamos que cada curioso lector se regocije con las más de 300 páginas en que Jordán cuenta la biografía de nuestro Golfo, del cual orgullosamente afirma:


Este viaje es el primero que me hace sentirme hombre y no una hormiga. Es la gran satisfacción de este crucero por el Mar Roxo de Cortés. Es la gran alegría de un viaje que de buena gana deseo para todo aquel que quiera sentirse, una sola vez, independiente y fuerte, libre y señor de su propia vida y de sus propias esperanzas.



Fuente de citas e imágenes:

Fernando Jordán Juárez, Mar Roxo del Cortés: biografía de un golfo, IIH-UABC, Baja California, 1995.

domingo, 15 de mayo de 2016

“FIERRO DESPRECIÓ, FIERRO DESPRECIÓ, EL VALOR CALIFORNIANO….”

In memoriam: Al momento que escribía esto falleció mi amigo el ing. Enrique Armenta,  dedico esta crónica a su memoria, agradeciéndole siempre sus sabias palabras en tiempos malos y buenos en estos últimos años.

Por el cronista de La Paz: Luis Domínguez Bareño.

     Un quince de mayo, un quince de mayo, esta historia sucedió….así empieza el famoso corrido del Cabo Fierro, compuesto por el General Félix Ortega Aguilar durante las batallas que se dieron en el Distrito Sur de la Baja California entre los bandos del gobierno usurpador de Victoriano Huerta y las fuerzas revolucionarias constitucionalistas californianas al mando de Félix Ortega Aguilar y apoyadas desde la contracosta por el Gral. Álvaro Obregón.

     Desde que Ortega se levantara en armas en 1913 no daba tregua a los federales, con poco menos de 500 efectivos mantenía campamentos en Las Vinoramas, La Laguna y San Antonio de la Sierra; las guerrillas orteguistas se encontraban al mando de S. Cota, Sández, Félix Ortega hijo e Hilario Pérez.

   Los federales eran encabezados por Leocadio Fierro “El Cabo Fierro”, un veterano soldado porfirista que había participado con Díaz cuando se apuntó como héroe en la lucha contra los franceses en el siglo XIX. Fierro andaba agraviado con Hilario Pérez, quien había sido soldado porfirista y amigo muy cercano desde largo tiempo, pero ahora que había sido enviado a la Baja California a combatir a las fuerzas orteguistas, cometió la osadía de pasarse al bando contrario, esto para Fierro representó una traición imperdonable.

   Anduvo muchos meses el Cabo Fierro combatiendo a los orteguistas en el sur peninsular, sin duda las tropas oficialistas que contaban con todo el apoyo del gobierno federal superaban en armamento, número y capacidad a los revolucionarios; pero su causa, la del traidor Victoriano Huerta, asesino del presidente Madero, del vicepresidente Pino Suárez y del senador Belisario Domínguez, era tremendamente impopular entre el pueblo sudcaliforniano. Por eso las gavillas orteguistas lograron resistir tanto tiempo y tan bien los embates federales, el pueblo los apoyaba como podía, con las pocas armas que contaban, alimentando a la tropa y proporcionándole caballos para que se movilizaran de manera más efectiva.



    Al pasar los días y concluir el año de 1913 Fierro no es capaz de someter la Baja California a favor de Huerta, esto empieza a preocupar a las fuerzas federales pues no entienden cómo han podido resistir tanto tiempo los californianos sin recibir ayuda de otros lados del país; finalmente se entera que los orteguistas recibirán refuerzos y armas a través de un buque que envía Álvaro Obregón y el cual atracaría al sur de La Paz, por el Mar de Cortés, quizá en Punta Colorada, La Ribera o Los Barriles.

A principios del mes de mayo de 1914 Leocadio Fierro encuentra la oportunidad perfecta de matar dos pájaros de un tiro, pensando que el barco de los constitucionalistas arribaría a la península por la antigua hacienda de Eureka (La Ribera) y sería su ex amigo Hilario Pérez quien la recibiera, no chistó Fierro en dirigirse a ese punto al frente de su columna de federales; la consigna era agarrarlo vivo y así se lo hace saber estrictamente a su tropa. Pero no contaba que el Gral. Ortega había enviado una columna al mando de su hijo, la cual bajaría de la Laguna por el cañón de San Dionisio, accederían por la zona de Santiago en cuanto divisaran la esperada embarcación y se mantendría a la expectativa de la situaciónaturaleza,  por si había necesidad de entrar en acción ante una refriega de los federales. En esa columna era en la que se encontraba  Martiniano Núñez, un ranchero californiano, inexperto soldado pero excelente tirador a larga distancia, habilidad que era producto de sus cacerías en las sierras de la Paz.

     Y efectivamente, desde el 13 de mayo Hilario Pérez se había instalado con su tropa en la escuela y la iglesia de Eureka, con órdenes de identificar el barco obregonista, descargarlo y movilizar los refuerzos, armas y vituallas a Las Vinoramas, lugar que era el centro de las operaciones revolucionarias.

   Fierro, ansioso de escarmentar a Hilario, no repara en que se dirige a su propia perdición, y al toque de su clarín con orden de “avance y fuego cerrado” irrumpe en La Ribera pensando que sería un combate  entre sus fuerzas y las de Hilario, para ese entonces ya la columna de Félix Ortega hijo se encontraba por el lado del panteón de la población; Fierro desmonta con su tropa y busca posicionarse del lugar. En la primera refriega el Cabo Fierro se da cuenta de su desventaja y ya cuenta dos muertos y un herido entre sus filas, ya desesperado e iracundo grita de manera desesperada a Hilario:

-Sucio y maldito traidor, hijo de tu chingada madre ¡da la cara! Manda suspender el fuego, pues están en ventaja, y en duelo cuerpo a cuerpo, robavacas, jijo de siete, nos partimos la madre tú y yo, enfrente de tu gente y de la mía, si deveras tienes calzones…

-¡Alto al fuego –replica Hilario dispuesto a darle satisfacción a Fierro-, por lo pronto, sucio cabo del infierno, chinga la tuya, asesino de Madero, traidor a México!

   De manera inmediata el fuego cesó, y las puertas de la iglesia se abrieron para dar paso a Hilario que descendía de la torre de la misma. Apareció de repente, entre el humo de la pólvora de aquel matinal combate, empuñando una carabina 30-30. Cien combatientes de cada lado de repente quedaron absortos, como mudos testigos de lo que podría suceder con sus jefes que se desafiaban mutuamente deseosos de ajustar las cuentas pendientes.

-Ya estoy aquí, Fierro, hijo de toda tu fierrada…¡Preséntate! –dice Hilario.

-¡Cómo que no!, falso, embustero – contesta Fierro-, ahí te voy –agrega mientras salta sobre un muro de piedras.

   En eso sonaron dos balazos, la bala de Hilario le atravesó las caderas al Cabo Fierro que cayó al instante sobre sí mismo, la carabina del Cabo quedó fuera de su alcance, estaba tirado sin capacidad de levantarse ni caminar, pero con sus brazos y facultades intactas de la cintura para arriba. La bala de Fierro partió en dos la caja del arma de Hilario, situación  que lo dejó también indefenso.

    -¡Eres mío, Hilario! –clama Fierro, sacando su pistola 45 amartillada.

    En eso, desde el lado del panteón en que se encontraban apertrechados, sale gritando Martiniano Núñez:

   -¡No seas alevoso Fierro! Está desarmado. Tira primero para acá.

   Surcan de nuevo la brisa marítima los balazos después de los cuales Fierro ya no se volvería a incorporar jamás, una de las balas de Martiniano le atraviesa el corazón haciendo que la sangre fluya a borbotones, “empapando esta tierra generosa que nunca comprendió”.


CORRIDO DEL CABO FIERRO
AUTOR: FÉLIX ORTEGA AGUILAR (1868-1929)

Un quince de mayo,
un quince de mayo,
cuando el caso sucedió,
salió el cabo Fierro
para La Ribera,
por cierto donde quedó.

Pasó por la hacienda,
la hacienda de Eureka,
llevando todo por lista:
allí tuvo datos
allá en La Ribera
se hallaban los orteguistas.

Inmediatamente emprendió su marcha
con ánimo y mucho lujo,
llevando cartucho, armamento máuser,
creyendo tener el triunfo.

Allá estaba Hilario.
allá estaba Hilario,
con sus fuerzas de avanzada:
¡Éntrenle muchachos,
hagan resistencia,
que allá viene la fierrada!

Al pie de la cuesta
mandaron tocar
“avance y fuego cerrado”,
habiendo tres bajas
en los federales
y el cabo Fierro tirado.

Dentro de una escuela
tenían los fortines
para poderles pelear,
los puros sombreros
de los federales
al aire se “vían” volar.

Hilario le grita al mentado Fierro:
¡Aquí no se come tierno
por qué no te luces gritando sereno
viva el supremo gobierno!

Fierro desprecio,
Fierro desprecio,
el valor californiano,
perdiendo la vida,
perdiendo la vida,
a manos de Martiniano.

Yo ya me despido,
yo ya me despido,
ya me voy con mi santuario.
aquí se acabaron las contrariedades
del cabo Fierro y de Hilario.

    Existe un estribillo que no escribió Ortega, pero lo cantan hoy en día los grupos que entonan el corrido y dice:

Martiniano Núñez,
Martiniano Núñez,
Hilario Pérez, y Ortega,
sudcalifornianos,
sudcalifornianos,
dieron valor a esta tierra.



FUENTES:

- Félix A. Ortega Romero, Pervivencias, Gobierno del Estado de Baja California Sur, La Paz, 1990.
- Marco Antonio Landavazo, Manuel Lucero, Dení Trejo, Baja California Sur. Historia y Geografía Tercer Grado, Secretaria de Educación Pública, Guadalajara, 1995.



domingo, 8 de mayo de 2016

LA FUNDACIÓN DE LA PAZ POR HERNÁN CORTÉS EN 1535

Buenos días, en el siguiente video hablamos sobre las exploraciones que Hernán Cortés financiaba en el siglo XVI en el entonces incógnito océano Pacífico.

Por emocionarme con la narración se me olvida enfocar bien, por ratos, la imagen; una disculpa por eso. Espero les parezca interesante.